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El 24 de noviembre de 1991 fallecía el vocalista de Queen, uno de los mejores cantantes de la historia del rock y uno de los más dotados para el manejo escénico.

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El 23 de noviembre de 1991 Freddie Mercury confirmaba a través de su vocero Roxy Meade que era portador del virus del HIV y llamaba al mundo a luchar contra esa enfermedad.

En la jornada siguiente, hace exactamente 25 años, ya con su salud resquebrajada y  postrado en una cama, ese genial cantante fallecía en su casa de Kensington, en Londres, la que se convirtió luego en lugar de culto para sus millones de fans.

Freddie Mercury fue, quizá, el cantante con mejor registro vocal en la historia del rock, con una capacidad técnica cercana a las voces de líricas y de la ópera. Además, ese talento lo puso al servicio de cada canción que le tocó interpretar, sin caer en un virtuosismo meramente hedonista.

Como vocalista de Queen, fue también uno de los cantantes que más brilló por su manejo escénico, casi teatral por momentos y cercano al glam. A pesar de este despliegue incansable, nunca repercutió en su voz durante las actuaciones en vivo. Esa voracidad sobre el escenario se contraponía a su marcada timidez y al perfil bajo que mantuvo durante toda su vida.

La tríada de virtudes artísticas de Freddie, al margen de ser un lúcido pianista, se completa con su talento compositivo, el que dejó reflejado en varios clásicos de Queen, “Bohemian Rapsody”, “Somebody to love”, “Good old fashioned lover boy”, “Love of my life”, “We Are the Champions”, “Killer Queeny” y “Crazy little thing called love”, entre otros.

Este artista nació en 1946 en la ciudad de Stone Town, en Zanzíbar, por entonces un protectorado británico, como Farrokh Bulsara. Cuando tenía los 18 años debió emigrar junto a su familia a Inglaterra por la rebelión popular que dio lugar al nacimiento del estado de Tanzania.

En Inglaterra, luego de trabajar de varios oficios y crear su propia línea de ropa, mientras cursaba estudios de arte, conoció al bajista Tim Staffell, que junto a Brian May y a Roger Taylor, que era parte de Smile. Ya con Freddie como cantante, y con John Deacon en reemplazo de Staffell, nacía definitivamente Queen.

La banda, con su coqueteo entre el rock y el glam, era un combo perfecto con la gola privilegia de Freddie y con Brian May. un guitarrista impregnado de hard rock, en primera línea. También fundamentales en el grupo fueron Roger Taylor, el otro duro de la banda, y el sofisticado bajista John Deacon. Además, lograban deliciosas armonías y arreglos vocales.

En los ’80 fueron menos rockeros que en la década anterior y se contagiaron del estilo cercano pop que imperó en esos años, aunque nunca perdieron el rumbo de su música. Mientras que en los últimos discos, en especial en “The Miracle”, volvieron a las fuentes.

En paralelo a la banda, en los ’80 Freddie lanzó un par discos en solitario, “Mr. Bad Guy” y “Barcelona”, este último en colaboración con la soprano española Montserrat Caballé. El sencillo homónimo, una colaboración entre ambos, fue la canción oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

Freddie Mercury no tuvo un predecesor en su estilo y tampoco se vislumbra a un artista de similares características en el presente. Luego de su muerte fue homenajeado por sus colegas en Wembley y Queen siguió, con algunos largos parates, en actividad con otros cantantes, pero nunca sonarán igual sin su voz.

«Don’t Stop Me Now», un clásico de Queen

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