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Un recorrido por la vida y la obra de artista, uno de los referentes más importantes del folklore argentino y latinoamericano que dejó un legado para las futuras generaciones.

Hace 25 años, el 23 de mayo de 1992 fallecía en Francia a los 84 Atahualpa Yupanqui, uno de los referentes más importantes del folklore argentino y latinoamericano, que además dejó un legado recogido por varias generaciones de músicos y poetas.

Bajo el nombre de Héctor Roberto Chavero Haram, este futuro cantautor, guitarrista, poeta y escritor argentino nació el 31 de enero de 1908 en un paraje rural de Pergamino, en el interior de la provincia de Buenos Aires.

En los primeros años de su vida cambió su nombre real por el de Atahualpa, en referencia al cacique Inca. Mientras que el apellido Yupanqui se incorporó luego y en quechua refiere  al que viene de tierras lejanas para decir algo.

Radicado junto a su familia, empezó en su niñez a tocar la guitarra y el violín. A los 19 compuso “Camino del indio”, una canción inspirada en vacaciones tucumanas y que luego se convirtió en un himno del reconocimiento de la cultura de los pueblos originarios.

Luego de tocar por el país de haber tenido tres hijos, fruto de su matrimonio con su prima, sufrió la censura durante la presidencia de Juan Domingo Perón, con frecuentes detenciones.

“En tiempos de Perón estuve varios años sin poder trabajar en la Argentina… Me acusaban de todo, hasta del crimen de la semana que viene. Desde esa olvidable época tengo el índice de la mano derecha quebrado. Una vez más pusieron sobre mi mano una máquina de escribir y luego se sentaban arriba, otros saltaban. Buscaban deshacerme la mano pero no se percataron de un detalle: me dañaron la mano derecha y yo, para tocar la guitarra, soy zurdo. Todavía hoy, a varios años de ese hecho, hay tonos como el si menor que me cuesta hacerlos. Los puedo ejecutar porque uso el oficio, la maña; pero realmente me cuestan”, dijo sobre lo ocurrido en esos años.

En 1949 emigró a Francia , donde consiguió el madrinazgo de Edith Piaf. Inmediatamente firmó contrato con Chant du Monde, la compañía de grabación que publicó su primer disco en Europa, “Minero soy”.

En 1952, Yupanqui regresó a Buenos Aires y con su segunda esposa Nenette construía su casa de Cerro Colorado, Córdoba. Precisamente, su nueva pareja, y madre de su cuarto hijo, colaboró en la autoría de muchas de sus canciones, mientras retomaba sus actuaciones por toda la Argentina.

La obra de Atahualpa se popularizó en los 60 luego que de Jorge Cafrune y Mercedes Sosa, grabaron muchas de sus composiciones. Alterno si residencia entre Argentina y el exterior y mantuvo giras por distintos países de América latina, Europa y otros puntos del globo.

Entre su producción lírica cabe destacar “Piedra sola” (1950) y “Guitarra” (1958). También fue un notable prosista, como atestiguan un buen número de obras suyas, entre ellas “El canto del viento” (1965) y “Notas de un viaje al Japón” (1977). También dejó su huella en el cine, como protagonista, autor de guiones adaptados, autor de bandas sonoras y aportando algunas canciones.

Yupanqui fue autor de más de mil canciones  entre las que sobresalen “La alabanza”, “El arriero”, “Basta ya”, “Los ejes de mi carreta”, “Le tengo rabia al silencio”, “Piedra y camino”, “Viene clareando”, “Chacarera de las piedras”, “La hermanita perdida” y “Camino del indio”.

También son parte de su rico cancionero “Zamba del grillo”, “Milonga del peón de campo”, “Luna tucumana”, “La añera”, “La pobrecita”, “La flecha”, “El alazán”, “Madre del monte”, “A qué le llaman distancia” y “Milonga del solitario”.

En la amplia producción artística del creador se aglutinan zambas, canciones, milongas, chacareras, vidalas y estilos. Muchas de sus composiciones, de hondo lirismo y crítica abierta a las condiciones sociales de América Latina, figuran en el repertorio de grandes intérpretes mundiales de la canción.

Sus canciones fueron interpretadas por los artistas más diversos, como Divididos, Violeta Parra, Jairo, José Larralde, Chavela Vargas, Pedro Aznar, Alfredo Zitarrosa, Soledad Partorutti, Victor Jara y Horacio Guarany, entre tantos otros.

El 14 de noviembre de 1990 falleció en Buenos Aires su esposa Paula Nenette Pepín. En 1992, Yupanqui volvió a Francia para actuar en la ciudad de Nîmes, donde se indispuso y falleció el 23 de mayo de 1992.

Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y sus cenizas descansan en Cerro Colorado.

“La pura verdad”

 

 

 

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