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Por Edgardo Solano

El libro de Marina Cañardo recorre los comienzos de la historia de la industria discográfica en el país en la década de 1920 y su consiguiente impacto social y económico.

A través de un minucioso trabajo de investigación, la musicóloga Marina Cañardo narra en “Fábrica de músicas”, lanzado por Gourmet Musical Ediciones,  los comienzos de la historia de la industria discográfica en la Argentina en el fructífero período que abarca en entre 1919 y 1930.

La década de 1920 registró el primer boom de producción discográfica venían efectuando desde finales del Siglo XIX, concentrándose entre el fin de la Primera Guerra Mundial y crisis económica que marcó el final de esa década de “Los años locos”.

Precisamente, la irrupción de la música grabada generó críticas de parte de los artistas de aquellos días, que vieron peligrar parte de su fuente de trabajo  en los salones de baile y otros ámbitos al poder ser reemplazados por un disco u otro soporte físico.

La cosmopolita Buenos Aires de los ’20 también fue parte de este furor ecuménico y  la creciente fabricación de discos arrancó en esa época por medio de dos sellos que monopolizaban  el mercado local: Victor, el sello discográfico del perrito y también el creador de la Victrola (o simplemente Vitrola en Argentina), y Nacional Odeon, la fusión entre una empresa internacional y otra local capitaneada por Max Glücksmann.

Este empresario, llegado en su adolescencia desde su Rumania natal y sin saber una sola palabra en castellano, se transformó en un abrir y cerrar de ojos en un verdadero pionero y líder de la industria emergente industria del entretenimiento en las décadas del ’20 y del ’30.

La autora de “Fábricas de músicas” rastreó en los archivos, no del todo completos, de Victor, hoy RCA Victor, y de Odeon Nacional, devenida en EMI Odeon. También consiguió información fidedigna en archivos periodísticos y en publicidades de la época.

Las imágenes de las publicidades y anuncios de aquella época, sin el diseño y color de sus continuadoras, y los catálogos de la década de 1920 se encargan de ilustrar este libro. Esta imágenes, en riguroso sepia, llevan a los lectores a un túnel del tiempo sobre cómo se promociona la industria del entretenimiento en  Buenos Aires hace casi un siglo, con estrategias muy distintas a las actuales.

Este libro explica el desarrollo de la industria discográfica en la Argentina y analiza varios aspectos de su relación con los diferentes géneros musicales, especialmente el tango, pero también con el folklore, jazz y el clásico.

Los vínculos comerciales que se tendieron entre la industria discográfica, la aparición de la radio y la insipiente publicidad contribuyeron a la difusión de las músicas populares argentinas a una asombrosa, en un país cosmopolita que comenzaba a sentar las bases de una música nacional, enriquecida por el vital aporte de las recién bajados de los barcos.

Precisamente, la industria discográfica favoreció la consagración de un canon de la “música argentina” y aportó a la discutida construcción de la identidad nacional, generando pujas disímiles sobre este asunto.

El tango quedó en medio de esa contienda, incluso los antagónicos grupos de Florida y Boedo tomaron partido por la música ciudadana, en esa disputa sobre si representaba  o no a esa identidad nacional o al menos a la Ciudad de Buenos Aires.  Incluso, según la propia autora, el tango terminó de legitimarse en Argentina cuando triunfó en París, una suerte de Meca cultural, logrando consenso ante beneplácito de esa música castigada por algunos sectores por considerarla como orillera y foránea.

Los discos de tango comercializados en Francia anticiparon un modelo de circulación de bienes culturales escindidos de sus contextos originales característico de una incipiente “World Music”, una denominación quizá demasiado amplia y poco clara que incluye los géneros más diversos.

El libro demuestra también cómo los cambios en la tecnología de grabación y la influencia de la moda mundial del baile signaron la interpretación musical. También analiza las nuevas condiciones laborales para los músicos, como la creación de sesionistas y técnicos de grabación, que sobrevinieron con el disco junto con su lógica del star system, que tuvo en Carlos Gardel a un exponente destacado dentro y fuera de Argentina.

“Fábricas de músicas” es un interesante recopilatorio de los artistas, consagrados y los que fueron meras estrellas fugaces, y de los distintos géneros en los albores de la creación de la industria discográfica. También recata particulares anécdotas, como cuando Gardel se desnudó para intentar soportar el calor que reinaba en un estudio de grabación.

Incluso, va más allá en esta búsqueda, y aporta,  herramientas clave, para músicos, historiadores y para quienes se inician en el tema, para comprender como me mueven los engranajes de la tecnología y los aspectos económicos, sociales y estéticos relacionados con la producción y difusión del arte sonoro.

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La autora

Marina Cañardo es Doctora en “Música y Musicología del S XX” por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (París) y Doctora en “Historia y Teoría de las Artes” por la Universidad de Buenos Aires. Es también “Licenciada en Artes con especialización en Música” (UBA). Estudió flauta traversa y composición.

Trabajó en programas radiales destinados a la divulgación musical y escribió textos para programas de conciertos. Se presenta regularmente en congresos nacionales e internacionales en la Argentina, Francia y los Estados Unidos y sus trabajos fueron publicados por prestigiosas revistas de América y Europa. Ha sido docente universitaria (UBA, UNL, UCA) e integrante de equipos de investigación en diversas universidades (UBA, EHESS, Universidad de La Plata y Universidad Torcuato Di Tella).

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