Share Button

Por Edgardo Solano

Un recorrido por la vida del cantante de Sumo, un talentoso y particular personaje que puso patas para arriba al rock argentino en los ’80.

El 22 de diciembre de 1987, hace exactamente 30 años, fallecía Luca Podrán, un ítalo escocés que puso patas para arriba a la escena del rock argentino con sólo un lustro de fuerte presencia sobre los escenarios en los agitados años ’80, enmarcados en el regreso de la Democracia.

Nacido en Roma en 1953, en el seno de una familia acomodada, fue enviado por sus padres  como pupilo a un prestigioso colegio escocés, al  que concurría por entonces el Príncipe Carlos de Inglaterra.  Faltándole un año para finalizar sus estudios, en 1970, escapó de los claustros de esta casa de estudios para comenzar una vida aventurera y con anécdotas por doquier, algunas de ellas muy difíciles de comprobar.

A partir de mediados de los ’70, el joven Prodan residió en Londres y fue testigo presencial del estallido del punk, que irrumpió para sacudir a la escena rockera de entonces que se había enamorado del rock sinfónico y de la fusión con el jazz.

En ese días londinenses, pudo ver en vivo y en directo a Sex Pistols, Blondie, Van Der Graaf Generator, Elvis Costello y Ian Dury & The Blockheads, entre otros artistas de la época.

Quizá intentando escapar de la heroína, que ya lo había dejado al borde del KO, Luca recaló a principios de los ’80 en las bucólicas sierras cordobesas y se cree que con algún dinero para realizar alguna inversión en campos.

Este cruce del Atlántico se produjo siguiendo una imagen que lo había atrapado y que recibió en una carta de un amigo argentino de origen escocés, Timmy McKern, con quien compartió años en las islas británicas. Ahí comenzaría a gestarse el germen de Sumo.

Luca hizo buenas migas con el cuñado de McKern, Germán Daffunchio y con un vecino de éste, Alejandro Sokol. ? Juntos comenzaron a hacer temas, que serían los primeros de la banda que se llamaría Sumo. Luego se sumaría la baterista Stephanie Nuttal, una amiga inglesa de Podran.

La baterista volvería a su patria en la Guerra de Malvinas y se sumaría al grupo Diego Arnedo, ya por entonces un notable bajista. También se incorporaba el saxofonista Roberto Petinatto.

En 1984, Sokol dejó la banda y se sumaron Alberto “Superman” Troglio en batería y Ricardo Mollo en guitarra, que le otorgó sus furiosos punteos a la banda, para conformar el sexteto definitivo.

 “Corpiños en la madrugada” fue una suerte de primer álbum y el prólogo de la discografía oficial de la banda, que incluyó a “Divididos por la felicidad”,  “Llegando los monos” y “After Chabón”. También circulan grabaciones piratas por doquier y hasta registros de canciones inéditas de Luca.

Sumo revolucionó a la escena rockera argentina con una fusión de reggae, ska y punk rock, a partir de las influencias que Luca traía a cuestas desde Inglaterra. Además, el grupo era arrasador en vivo y el despliegue en escena de Luca completaba el combo.

Mientras que en la Argentina seguían siendo referencias las grandes bandas de los ’60 y ’70, Prodan se había codeado con punk y otros géneros de los que aquí casi no se tenían ni noticias por aquellos días.

Además, la gran influencia de los rockeros argentinos eran los músicos fundacionales del género, mientras que Luca los desconocía por completo al momento de su llegada a la Argentina.

Luca era, y lo sigue siendo, un personaje y un artista difícil de encasillar y encuadrar. No tuvo predecesores y tampoco un emulador posterior de su estilo, a modo de posible continuador de su legado.

Este italiano, que nunca perdió su acento peninsular, que hablaba y cantaba en un perfecto inglés era además un pelado en movimiento que casi imponía una larga melena para salir a un escenario, al punto que una incipiente calvicie hasta podía dejar fuera de combate hasta al mejor músico. Lo capilar era tan importante que la revista Pelo, una de las pioneras del rock argentino, tomó este nombre por este motivo.

Además, Luca cantaba mayormente en inglés, cuando desde hacía casi dos décadas los fundadores del rock argentino pugnaban con que se interprete este estilo en castellano, haciendo tambalear esa pugna idiomática que había comenzado a fines de los ’60.

Luca también supo ser un sagaz zumbón para arremeter contra sus colegas con críticas filosas, algunas de ellas tergiversabas con el paso del tiempo y que formar parte del mito que representó su figura.

También se corrió del lugar de estrella de rock y era un frecuente deambulador de la noche porteña, dónde era habitué de bares comunes y silvestres, donde compartía sin pruritos la mesas con circunstanciales parroquianos.

Mientras se intentaba alejar de la heroína, el alcohol iba ganando terreno en su vida y la ginebra se trasformó en su trago favorito, en desmedro de su salud, cada día más frágil y resquebradiza.

Con un Luca con la cuenta regresiva en marcha y con Sumo alejado de sus mejores días, el cantante y el resto de los músicos del grupo se presentaron por última vez en vivo en 20 de diciembre de 1987 en la cancha de Los Andes, en Lomas de Zamora, junto a otras bandas, como Los Violadores.

Muchos aseguran haber ido a ese recital, muchos más de los que realmente estuvieron allí esa noche, que no fue un show de gran convocatoria.

Un par de días después de ese concierto, Luca fue encontrado sin vida  en una humilde morada, que no se condecía con la de una estrella de rock, ubicada en Alsina 451, en el barrio de San Telmo.

Había sufrido un paro cardíaco debido a una grave hemorragia interna causada por una cirrosis hepática. Tenía sólo 34 años y sin su figura, Sumo se desintegró automáticamente.

Share Button