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Por Edgardo Solano

Al margen de su talento como músico, el Flaco fue un notable dibujante y plasmó este talento en afiches, portadas de discos y en dibujos,  que salieron a la luz en una muestra.

La historia da cuenta que Luis Alberto Spinetta, a sus 19 años, realizó el dibujo del payaso que aparece en la portada del primer disco de Almendra, aunque en realidad el que todos conocemos es una segunda versión.

El original fue, supuestamente, extraviado por los directivos de la compañía RCA que pretendían que aparezcan los integrantes del grupo en la tapa, como era la moda de entonces, y no ese dibujo. Ante esa extraña pérdida del original, el autor del dibujo volvió a casa y realizó nuevamente la ilustración de ese payaso triste con una sopapa en la cabeza.

Es que Spinetta, además de poeta y músico, fue un gran dibujante, otra de las faces que mostró este genial artista fallecido el 8 de febrero de 2012, hace siete años.

Mientras finalizaba el secundario en el riguroso y estricto Colegio San Román del Bajo Belgrano, el Flaco hizo el ingreso a la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires. A pesar de haber pasado exitosamente los exámenes previos, no comenzó esa carrera. De todos modos, junto con Emilio de Guercio comenzó a estudiar Bellas Artes en la Escuela Manuel Belgrano.

Las creaciones de Spinetta fueron más allá de ese payaso, que pasó a ilustrar remeras, paredes de habitaciones y las epidermis de los que decidieron hacerse un tatuaje con ese dibujo emblemático.

Volvió a encargarse de los artes de tapa en otras ocasiones. En “Durazno Sangrando”, de Invisible, diseñada junto a su amigo Eduardo Martí, utilizando una pelota Pulpo cortada a la mitad.

Los afiches de la presentación del disco, también confeccionados por el músico, padecieron de la censura, porque para la vista de algunos era una vagina.

“¿Y vos sabías que en Rosario nos prohibieron el afiche de Durazno sangrando porque era una vagina que chorreaba? ¿Quiénes tienen la mente podrida?”, dijo en una oportunidad a Miguel Grinberg en una entrevista.

Muchos años después de aquella aventura, también realizó la portada de “Don Lucero”, realizada través de una computadora, en una incursión en el arte digital con una Commodore Amiga 500, una computadora en boga en los ’80 y que hoy es una pieza de museo.

También se encargó del dibujo que aparece en la portada de “Un mañana”, su último disco. Es «un hombre atribulado por las circunstancias… (que) está yendo hacia arriba por las dudas», explicó.

También realizó el dibujo de la portada de “El tiempo es veloz”, uno de los discos emblemático  de David Lebón, su querido amigo desde Pescado. 

Su talento también apareció en múltiples afiches de conciertos, principalmente en tiempos de Pescado Rabioso e Invisible, con dibujos hechos a mano y en muchos casos apelando al humor.

Esas creaciones fueron rescatadas y publicadas en la web, que las salvaron la fugacidad del anunció de un show, que seguramente fue tapado por algún afiche publicitario, y también para que sean vistas por las nuevas generaciones.

Además, era un gran aficionado a dibujar autos desde su infancia y luego continuó con prototipos futuristas de vehículos, con diseños que le podrían generar envidia a los diseñadores de las grandes automotrices.

Sobre cualquier superficie y sobre simples hojas en blanco, también apeló al humor para realizar dibujos caseros, algunos de ellos bastante zarpados e ingeniosos, junto con mandalas y esferas y a la creación de particulares personajes, como Murga Rulerbol.

También despuntaba el vicio dibujando con sus nietos y este talento lo compartió con su hermano Gustavo, el creador de la portada de «Pescado 2».

Los hijos de Spinetta aseguraron, tras la muerte de su padre, que en distintos puntos de la Diosa Salvaje, el estudio/casa del Flaco, que había dibujos por doquier en cuanto cajón abrían.

Buena parte de ese material, se exhibió en la Biblioteca Nacional en la muestra “Spinetta. Los Libros de la Buena Memoria”, inaugurada poco después de su muerte y que tuvo una gran cantidad de visitantes.

Allí se exhibieron dibujos inéditos, manuscritos de canciones y hasta el boceto de las guitarras que le encargó a Rudy Pensa, el lutier que le confeccionó sus últimas violas. Además, hubo charlas, conciertos y proyección de películas.

Poeta, cantante y guitarrista, también impensado dibujante y pintor, el universo de Luis Alberto Spinetta supo albergar esas disciplinas con total armonía.

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