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Por Edgardo Solano

El 4 de diciembre de 2009 el Flaco se presentaba en Vélez para recorrer su carrera en un show de más de cinco horas junto a 30 músicos.

 Luis Alberto Spinetta siempre fue reacio a quedarse anclado en su rico pasado y hasta llegó a cuestionar a quienes dejaron de apreciar sus creaciones recientes y prefieren detenerse sólo con los clásicos de ayer, perdiéndose sus notables producciones posteriores.

En una suerte de reencuentro amistoso con su pasado, el Flaco salía a escena  el 4 de diciembre de 2009, hace exactamente 10 años  en el estadio de Vélez Sarsfield con el concierto de “Las Bandas Eternas”, donde con medio centenar de canciones y en poco más de cinco horas recorrió parte de su obra, con los músicos que lo acompañaron en este recorrido y con estrellas invitadas.

El mismo Spinetta admitió que nadie le había planteado la idea de un recital maratónico  de estas características por temor a recibir una negativa rotunda, hasta que Pablo Mangone se animó a hacerle este ofrecimiento y logró conseguir la aprobación del músico para organizar el evento.

“Los homenajes son para la gente que no está. Muchos amigos me dicen tenés que hacer un concierto con todos los temas de todas las épocas y festejar tus tantos años con la música y yo no lo veo ni cuadrado”, decía el Flaco hasta entonces.

Por suerte logró cambiar de opinión, a pesar de algunas idas y vueltas, y el proyecto comenzó a andar definitivamente sobre rieles.

Desde los medios se atizaba el fuego de lo que se iba a ver en Liniers, con la confirmación del retorno fugaz de sus formaciones de otros tiempos y con las figuras que se iban anotando al convite, mientras la taquilla respondía a sabiendas de que se venía un concierto irrepetible.

Ese 4 de diciembre, fresco para esa época del año, Spinetta comenzó esa enorme retrospectiva de su pasado con material del presente. De movida sonaron “Mi elemento” y «Tu vuelo al fin” y  dos temas de “Un mañana”, su último disco.

Para este show, convocó a modo de banda estable a los músicos que lo venían acompañando por entonces. Lo secundaron Claudio Cardone, en teclados; Nerina Nicotra, en bajo; Sergio Verdinelli, en batería; y Guillermo Vadalá, en guitarra.

El primer tramo tuvo temas de su etapa como solista y de las distintas formaciones de Jade, con el parte de convidados estelares.

Baltasar Comotto, Diego Rapoport, Juan Carlos “Mono” Fontana, Javier Malosetti, Juan del Barrio,  Leo Sujatovich y Beto Satragni embellecieron algunos temas con sus aportes instrumentales, mientras que el anfitrión los bañaba de elogios en la presentación de cada uno de ellos.

Luego subieron a escena integrantes de la Plana Mayor del rock argentino, como Fito Páez, Charly García, Gustavo Cerati y Juanse, en duetos de enorme calibre musical y emotivo.

También dos de sus hijos, Dante y Valentino, aportaron lo suyo en una versión  de “Necesito un amor”, Manal, con un rap incluido.

El Flaco revisitó temas ajenos, como de Miguel Abuelo, Litto Nebbia y Pappo, y también aclaró que le quedaron versionar composiciones de El Indio, Moris y Andrés Calamaro.

A pesar del desfile de estrellas, lamentó algunas ausencias, como la mencionado Nebbia, la de León Gieco, Hugo Fattoruso y Pedro Aznar, que por distintos motivos no pudieron dar el presente.

En este viaje en el tiempo, Los Socios del Desierto se rearmaron con Javier Malosetti en batería, en lugar del fallecido Tuerto Wirtz, y con Marcelo Torres, bajista original de ese power trío noventoso.

La noche continuó con la reunión de Invisible, el trío que conformó junto a Pomo y Machi Rufino, una de las mejores bases del rock argentino, que sumó a Lito Epumer como invitado en el homenaje a Tanguito con “Amor de primavera”.

Luego fue el turno de la reunión de Pescado Rabioso, con Black Amaya, en batería; Carlos Cutaia, en teclados; los guitarristas David Lebón y Osvaldo “Bocón” Frascino, con el agregado de Vadalá en bajo.

La retrospectiva de las “Bandas Eternas” terminó con el reencuentro sobre el escenario de Almendra, con Emilio del Guercio, Edelmiro Molinari y Rodolfo García. El grupo había regresado en 1979 y este fue su segundo revival.

“¿Son felices?, ¿Son felices o no son felices?” había preguntado Spinetta, hablando con humor como un viejito con la dentadura postiza floja, a la multitud, luego de tocar “Muchacha”, con los otros tres integrantes de Almendra en los coros.

Tras el último intervalo, llegó “8 de octubre”, el tema dedicado a la tragedia en la que perdieron la vida alumnos del colegio “Ecos”, con Ricardo Mollo como invitado.

Finalmente sonaron  algunos hits,  como “Seguir viviendo sin tu amor”, “Yo quiero ver un tren” y “No te alejes tanto de mí”, coreado por una multitud y un saludo final con todos los que participaron enfundados en la remera de la ONG Conduciendo a Conciencia.

Al Flaco le faltaba poco más de un mes para llegar a los 60 pirulos y demostró que le sobró paño para cantar y tocar durante más de cinco horas, más allá de la autocrítica que desplegó por algún desajuste en un par de canciones.

Quizá sin pretenderlo, Spinetta pudo tener su propio homenaje y hacerlo extensivo a otros 30 músicos que lo acompañaron en esa noche y darse el gusto (y dárselo a una multitud) de revisitar algunos pasajes de su obra, en una puesta a la altura de las circunstancias.

Contados artistas del rock argentino tuvieron un recorrido de tamaña valía artística y el Flaco fue el único, a la fecha, que pudo desplegar este recorrido en una sola noche.

“Spinetta y las Bandas Eternas” fue el nombre de este monumental concierto, que constó de 50 canciones, involucró a más de 30 músicos y fue editado en un boxset de tres CD’s, tres DVD’s, uno de ellos con los ensayos previos, y un libro de fotos.

Además, ese recital  está minuciosamente documentado en “El concierto del aire”, de Miguel Ángel Dente y Lucas José Fernández, es una suerte de bonus track de “Tícher de luz”, la guía por la obra de Spinetta, del primero de los citados autores.

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