Esta obra de Horacio Quiroga, publicada por Sigmar, contará con las ilustraciones de Adriana Keselman. El libro fue utilizado por múltiples generaciones de niños y docentes.

En “Cuentos de la selva”, la pluma de Horacio Quiroga refleja la amistad entre el hombre y los animales y la solidaridad y el respeto entre ambos es lo que refleja, en esta oportunidad y editado por Sigmar, llega una versión especial para chicos con las ilustraciones de Adriana Keselman.
“Había una vez un hombre que vivía en Buenos Aires y estaba muy contento porque era un hombre sano y trabajador. Pero un día se enfermó”, comienza el mítico relato de “La Tortuga gigante”, donde narra la historia de cómo un grupo de animales ayudó a ese hombre, devolviéndolo a la ciudad para que lo curen.
“Las medias del flamenco”, otro de los relatos inolvidables del cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo, describe la astucia de los flamencos para ahuyentar a las víboras, que querían morderle sus largas piernas, y desliza que en la actualidad éstas presentan una tonalidad rosada justamente por las heridas recibidas en aquel entonces.
“El loro pelado”, “La guerra de los yacarés”, “La gama ciega” y “La abeja haragana” son algunos de los cuentos que Keselman ilustró con colores tenues, en la gama de los marrones y los verdes para graficar en toda su intensidad la vegetación que Quiroga describió en sus relatos.
“Cuentos de la selva”, escrito en 1918, es un clásico de la literatura en lengua española en el que los relatos breves se combinan con fábulas y leyendas. El libro fue utilizado por múltiples generaciones de niños y docentes.
Horacio Silvestre Quiroga Forteza, nacido en Uruguay 31 de diciembre de 1878, fue un cuentista, dramaturgo y poeta uruguayo. Fue el maestro del cuento latinoamericano, de prosa vívida, naturalista y modernista. Sus relatos breves, que con frecuencia retratan a la naturaleza bajo rasgos temibles y horrorosos, y como enemiga del ser humano, le valieron ser comparado con Edgar Allan Poe.
Vivió en su país natal hasta la edad de 23 años, momento en el cual, luego de matar accidentalmente a su mejor amigo, decidió emigrar a Argentina, país donde vivió 35 años, hasta su muerte, donde se casó dos veces, tuvo sus tres hijos, y en donde además desarrolló la mayor parte de su obra. Mostró una eterna pasión por el territorio de Misiones y su selva, empleando a esta y sus habitantes en la trama de muchos de sus cuentos más reconocidos.
La vida de este escritor , que estuvo marcada por la tragedia, los accidentes y los suicidios, culminó por decisión propia, cuando bebió un vaso de cianuro en el Hospital de Clínicas de la ciudad de Buenos Aires a los 58 años de edad, tras enterarse de que padecía cáncer de próstata.



