Se reestrena “La noche oscura -tragedia santiagueña-”

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En la obra de Eugenio Soto se busca narrar lo trágico desde una perspectiva rural y criolla, explorando en nuestras tradiciones.

Se reestrena “La noche oscura -tragedia santiagueña-”, de Eugenio Soto, en el Teatro Del Pueblo en la cual se busca narrar lo trágico desde una perspectiva rural y criolla, explorando en nuestras tradiciones al ritmo de chacareras, empanadas y vino.

Las funciones son los sábados a las 22 en la sala porteña ubicada en Lavalle 3636.

El elenco lo completan Pedro León Alonso (Juan Carón), Paula Baigorri (Sara Carón), Lucas Delgado (Etanislao), Darío Pianelli (Santiago) y Bianca Vilouta Rando (Doña Rosa Quiroga).

Un rancho pobre en el calor de Santiago del Estero. Allí, el hijo (Santiago) cava la tumba de su madre. Cosas raras suceden en Santiago, los muertos siguen hablando y se van silenciando despacio.

Doña Rosa Quiroga acusa a su hijo de haberla asesinado y en consecuencia se niega a ser sepultada. Trama su venganza. Llegan los hermanos Carón, enviados de la muerte que deben llevarse su alma. Se esperan las vísperas para cumplir el ritual del entierro. El tiempo pasa, noche, alba, mediodía, siesta, vísperas. Corren así las horas y la muerta sigue allí clamando justicia. Aferrándose a la vida y a las trampas para poder seguir viviendo.

Finalmente ese acto de venganza lo realizará quien alguna vez supo ser entregado, el hijo amado, Etanislao. Aquel que viene del norte. Aquel que fue criado en otra cultura. Aquel que como en los westerns que vimos de niños resolverá todo con una bala justiciera.

 

«La Noche Oscura» toma su nombre del poema de San Juan de la Cruz y piensa al género de la tragedia clásica como su eje narrativo. ¿Cómo contar lo trágico desde una perspectiva rural y criolla? ¿Cómo adentrarse en nuestras tradiciones para buscar aquella raíz mítica, sagrada y eterna?

Santiago del Estero sirve como territorio metafórico, una tierra llena de calor y sequedad. Su música alegre y vivaz nos lleva a pensar la contradicción de ese sonido con su paisaje. La combinación eterna entre la vida y la muerte parece abrirse en ese sentido.

Tragedia y parodia son los aires de la época. Allí nos colocamos. Buscamos actuar con goce el elemento trágico, desplegar el elemento lúdico y vital sacándole su solemnidad. Hacer estallar la muerte en carcajada. Pensar nuestras tradiciones, tocar y cantar nuestro folklore, volver a la tierra como los muertos, como aquello que nos nutre y algún día nos habrá de sepultar.

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