Sale a escena «Der Kleine Fürher», de Eugenio Soto

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La puesta del director y dramaturgo trata sobre el surgimiento de un nuevo y pequeño Führer ideado en un laboratorio.

El director y dramaturgo Eugenio Soto, mientras continúa el éxito de “La noche oscura”, presenta su nueva creación, “Der Kleine Führer”.

Se trata de obra sobre el surgimiento de un nuevo y pequeño Führer ideado en un laboratorio que se presenta los domingos a las 18 en el Teatro “Sala de Máquinas”, Lavalle 1145.

Actúan Pedro León Alonso (Franz), Vladimir Klink (Fritz), Lucas Delgado (Mayordomo Hans), Jazmín Diz (Fraulein Hanna), Julia Pérez Ortego (Niño Adolf),  Darío Pianelli (Rudolf Bayer) y Karen Hawryliszy (Esther).

Un edificio gris en el centro de la ciudad. Allí en sus sótanos se esconde el proyecto secreto de la Bayer y la logia El Huevo de la Serpiente: Adolf, un niño, un nuevo Führer, nacido de una decisión política y empresarial. Pero algo no sale como se esperaba. El niño sufre una debilidad pulmonar y tiene que vivir encerrado durante años.

Ahora, la Bayer ha logrado la vacuna que le permitirá salir al mundo. En el sótano del edificio se construye un circo. El niño será recibido por la alegría del mundo circense y sus payasos.

Ha llegado el día. 30 de Abril. Comienza la ceremonia, los payasos cantan, los invitados beben champagne, asoma el nuevo monstruo, rompe el cascarón de su encierro, ha vuelto el horror: Der Kleine Führer  y tiene la impronta del Ser Nacional.

Los payasos, seres mitológicos que traen un eco de infancia. El circo, ese espacio donde habita la memoria de la niñez.

Ahora la niñez se ve amenazada. Hemos destruido la infancia. Ante nosotros sólo aparece el desierto, la desesperanza. Los payasos son entonces una mueca trágica de aquello que fue risa. El circo ya no es una carpa mágica, sino un sótano que nos sumerge en el horror de nuestra memoria.

Ya no miramos lo abierto del cielo. Y si no hay cielo, ni niñez, ni risa, solo queda el vacío de nosotros mismos. El vacío de la historia que vuelve a repetir la destrucción y la muerte como horizonte.

 

Acaso esos seres mitológicos, los payasos, sean los últimos gestos de lo humano. Un gesto que busca la niñez sin encontrar más que sus ruinas. Ya no pueden hacer reír, miran el pasado que se vuelve presente. Cantan una canción infantil en un mundo sin infancia.

 

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