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Por Edgardo Solano

Se cumplen cuatro décadas de la publicación de un álbum clave en el frondoso catálogo del artista rosarino y una de las obras cumbres del rock y de la música popular argentina. Una mirada sobre aquellos temas.

Melopea

Litto Nebbia exhibió su condición de compositor prolífico desde el precoz inicio de su carrera artística a mediados de los ’60. Unos 10 años después de que comenzará en Rosario con sus primeras bandas adolescentes y con una docena de discos grabados con distintas formaciones sobre sus espaldas, en 1974 registró “Melopea”, uno de sus álbumes fundamentales de su frondosa discografía.

Félix Francisco Nebbia Corbacho, el nombre real del progenitor del rock argentino, para aquel 1974 y recién con 24 años, ya tenía en su prontuario artístico a Los Gatos Salvajes, Los Gatos, la Nebbia´s Band, Huinca y también una carrera como solista y varias colaboraciones con otros artistas.

“Melopea” tenía como predecesor inmediato a “Muerte en la catedral”, otra gema en la carrera del rosarino, un álbum en el que Litto comenzó a trabajar con un trío que lo acompañaría buena parte de los ’70, con Jorge “Negro” González en contrabajo y Néstor Astarita en batería, con el que se destacaría aún más en las actuaciones en vivo. Además, en ese disco comenzó su sociedad compositiva con la letrista y poeta Mirtha Defilpo.

Nuevamente con estos socios y con el agregado, en algunos temas, de los arreglos de Rodolfo Alchurrón, el bandoneón de Rodolfo Mederos y la colaboración de otros músicos que aportaron lo suyo para ampliar la frontera musical del trío, que lo tenía a Litto en voz, teclados y guitarra, entre otras tareas.

“Quería grabar con tipos más grandes que yo”, dijo Nebbia en alguna entrevista, o quizás en varias, sobre la disolución de Los Gatos, que fue un fenómeno de ventas en toda América latina, y sobre lo que pretendía para su carrera, aún poniendo en riesgo la popularidad lograda con ese grupo. Ese anhelo se fue haciendo realidad porque compartió grabaciones con Domingo Cura y con otros músicos de otras generaciones y estilos, cuando para el rock argentino esa aventura aún no era una verdadera osadía.

Esa intención de ampliar horizontes musicales se refleja en “Melopea” y esas nuevas búsquedas estilísticas encontraron en el lugar indicado. En ese disco que cumple por estos días 40 años, aunque por su sonido no los aparente, conviven en sana armonía un futuro clásico (“La ventana sin cancel”), alguna cita sonora a Los Gatos, camarísticos arreglos de cuerdas del pentagrama de Alchurrón, los toques jazzeros del “Negro” y Astarita, sonidos acústicos, canciones más experimentales y con el indisoluble y característico sello nebbiero de composición y de interpretación.

Como ocurría con frecuencia en aquellos años, las condiciones técnicas no eran las mejores y en nada se corresponden a los recursos tecnológicos que puede acceder en la actualidad hasta la más ignota banda de garage. “Melopea” se registró en escasos 8 canales y con sólo 30 horas de estudio, el mismo tiempo en que algunos grupos invierten sólo para armar la batería.

De aquel cuarteto ya no están Mirtha Defilpo y su pluma y tampoco el “Negro” González, maestro y referente de contrabajistas y bajistas de varias generaciones. Por ahí está Astarita despuntando el vicio con sus platillos y tambores en algún boliche de jazz, mientras que Nebbia sigue grabando, componiendo y sorprendiendo a diario con sus nuevos proyectos.

“Melopea” es el arte de hacer melodías y también borrachera, definiciones quizás compatibles. Litto tal vez desconocía esto cuando tituló a esta obra maestra de la música popular argentina y uso ese nombre para bautizar a un propia discográfica, donde publicó su material y que enriqueció editando a otros artistas.

Tema por tema

La ventana sin cancel: El disco abre con las líneas de Defilpo musicalizadas por Nebbia con algunas advertencias sobre los riesgos del amor. El tema se convirtió en un clásico y fue grabado por varios artistas. “Sé el amor inventa laberintos, alguien se tiene que perder”, dice parte de la hermosa letra.

Apelación de otoño: Otra tema de la dupla Defilpo-Nebbia y con los delicados arreglos de cuerdas de Rodolfo Alchurrón que le dan un aire tanguero a esta canción con el agregado del fuelle de Mederos.

¿Qué clase de amor tendrás?: Esta canción con título de carácter interrogativo, letra y música del rosarino, sabe a la rítmica de Los Gatos y es el más rockero del disco con la viola eléctrica de nebbia y sus arreglos de voces.

La lección del viajero: En ese track Litto desenchufa la guitarra para musicalizar nuevamente los versos de Mirtha. “Uno entierra a sus muertos para seguir matando”, insiste el estribillo para hacer pensar al oyente.

Capitanes de esta guerra: El trío de Nebbia, González y Astarita se luce es un esplendor con sus contrapuntos en este tema eléctrico del disco de puño y letra del rosarino.

Gloria y guitarra: “Torna tu tiempo en flor, guitarra ya”, cantaba con sentimiento Litto en “Gloria y guitarra” para luego subir el pico emotivo con su “gloria” sostenido con el que el tema se despedía.

Los lunes de la humanidad: Nuevamente se lucen los arreglos de Alchurrón y en especial en saxo tenor de Héctor Bingert y el fraseo del bandoneón de Mederos. “Siempre habrá pena los lunes de la humanidad”, insistía Litto en la escueta letra del este tema.

Momento Mori: compuesto e interpretado por la dupla Defilpo-Nebbia con unas geniales armonías de voces de ambos en este tema sólo acompañado por las seis cuerdas de Litto.

Restaurant del diablo: antes de encontrarse en un taller, Dios y el Diablo coincidieron en un restaurant. “Cuéntame diablo cuando yo no este, que comerás”, le insistía cantaba Litto al amo y señor del infierno.

Amor imbécil: Una forma lapidaria de calificar al amor por el que además “se puede morir”. Los arreglos vocales, una potente eléctrica y el trío sonando a pleno hacen el resto.

Cuestión de tiempo: Letra y música de Nebbia-Defilpo y con unas arpegios de la guitarra, Litto con habla de “Un tiempo que viene enlutado por la calle…”.

Augurio del silencio: La dupla compositiva vuelve a tocar un pico elevadísimo en “Melopea” demostrando esa relación creativa de autora y compositor, siendo una de las escasa oportunidades en las Nebbia trabajó en dueto de estas características.

Melancólica Mirtha: De Nebbia para Defilpo como para empezar a cerrar el disco. “Ella no esboza una lágrima para no permitirle una conquista a la melancolía”, escribió Litto para que lo envidien hasta Lennon y McCartney.

Final: Esta breve pieza, con Litto en piano, cerró esta obra maestra de la música popular argentina.

Bunos tracks: la reedición en CD de “Melopea” incluyó también “Limpia silueta”, “Ellos, los mares”, “Manías de Graciela” y “Vertical”, grabados por el trío. Este último fue la cara B del simple de “La ventana sin cancel”.

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