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Por Edgardo Solano

Una mirada por los personajes ideados por Roberto Gómez Bolaños y por el valor imperecedero de sus creaciones, que siguen siendo un furor en América latina.

Chespirito

Quizás ni el propio Roberto Gómez Bolaños imaginó el furor que iba a tener de Chespirito (su alter ego) cuando este talentoso creativo publicitario y guionista de televisión comenzó a interpretar a un niño cuando ya tenía 40 años, concretando así su tardío debut ante las cámaras. Tal como un hombre haciendo de mujer es un recurso humorístico infalible, también puede serlo un adulto encarnando a un niño y este recurso también le funcionó, probablemente más de lo esperado.

Los Chavo del 8 abundan en todas partes y también en América latina. El chico pobre y huérfano que ansía como mayor trofeo una torta de jamón, que a pesar del ampuloso nombre no es más que un sandwich, puede encontrarse en cualquier parte del continente. También como todo infante, hay en el personaje una cuota de picardía bañada con una buena dosis de candor.

En esa “Vecindad”, que podría ser un inquilinato o cualquier vivienda colectiva de las clases populares de otro sitio, también moraban un hombre poco afecto al trabajo con una hija caprichosa, una madre sobreprotectora y mandona con un niño demasiado inocente, entre otros personajes, que llevados a la caricatura, no dejan de encontrarse a la vuelta de la esquina.

El Chavo del 8 fue la carta de presentación del comediante mexicano y también el personaje que dejó de hacer antes de los otros que también creó, porque el actor ya no encontraba creíble que sexagenario sea un chico, porque ese recurso también tiene un límite.

Si desde los Estados Unidos ofrecían poderosos, valientes y forzudos superhéroes, Chespirito optó por un antihéroe que calzaba justo en la esmirriada figura del actor. “El tema no es tener miedo, si no superarlo”, dijo a propósito del Chapulín Colorado, que no volaba ni tenía superpoderes, y le alcanzaba con el Chipote Chillón, las pastillas de chiquitolina y las antenitas de vinil, que cumplía la función clave de detectar “la presencia del enemigo”.

Si el Chavo fue el personaje estrella de Chespirito, el Chapulín cumplió honrosamente el papel de escolta, muy por encima de una segunda de líneas de personajes que también tuvieron lo suyo, todos ellos con un “Ch” inicial a modo de homenaje a Charles Chaplin. Tal vez entre estas criaturas opacadas por el brillo de otros personajes, se destacó Chaparrón, que junto con Lucas, tuvieron un segmento de humor absurdo en “Los Chifladitos”, distintos al de otros sketchs.

El quinteto lo completaron el Doctor Chapatín, un medico anciano y de nula ética profesional para el ejercicio de la medicina, y el Chómpiras, un ratero de poca monta que no quedará en el bronce de los personajes más recordados de Chespirito.

El comediante aseguró en una entrevista que le realizaron en “La Noticia Rebelde”, interpelado por lo sagaces Jorge Guinzburg y Carlos Abrebaya, que no realizaba sus programa estrictamente para chicos y que en realidad los realizaba para sí mismo con “algo que lo divirtiera”. A partir de esa afirmación, puede explicarse como además el programa fue también un furor en los adultos, con varios guiños cómplices incluidos.

La vigencia de estos personajes hace que diversos canales de toda América latina (inclusive en Brasil) sigan emitiendo viejos capítulos con aceptables mediciones de audiencia y es llamativo, también puede ser un motivo de envidia para otros comediantes, como los gags y los remates de las escenas siguen despertando carcajadas, muchos de ellos repetidos en muchos capítulos, a pesar de que el espectadores ya sabe que chiste cerrará la escena.

Activo hasta casi los últimos días de su vida y sin parar de teclear en la computadora nuevos guiones, el talentoso artista, que tuvo como meta incumplida ser futbolista profesional, Roberto Gómez Bolaños falleció a los 85 años.

 

 

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