Carlos Gardel, a ochenta años de su muerte

Share Button

Se cumple uno nuevo aniversario de la muerte del Zorzal Criollo. Un repaso por su carrera que terminó abruptamente en un accidente en Medellín.

 

Carlos Gardel fue el primer ídolo de masas argentino, si se lo mide en conceptos actuales. Antes de la irrupción de este artista, ningún otro había podido trepar a ese pedestal y quizás allanó el camino para otros referentes de la cultura popular.

Además, luego de Oscar Alemán, fue uno de los pioneros en romper las fronteras argentinas para triunfar en varios puntos de América latina, Estados Unidos y Europa. En algunas ciudades, como en París por ejemplo, su música y sus películas fueron un furor.

Cantante, compositor y también actor ya a fines de los ’20 logrado la identificación de su figura con el tango a nivel ecuménico. Desde entonces nunca ha dejado de reconocerse su papel esencial en el desarrollo y difusión del tango y su condición de mejor intérprete de la historia del género.

El “Zorzal Criollo” tuvo esa infancia difícil y su madre, Bèrthe Gardès, nunca llegó a saber quién era el padre de aquel hijo nacido el 11 de diciembre de 1890 en el hospital de La Grave, de Toulouse.

Ya en Buenos Aires, el francesito se aporteñó en menos quelo que canta un gallo. Con dieciocho años desempeña toda clase de pequeños trabajos y ya deja oír su aterciopelada voz en esquinas, reuniones familiares y garitos.

Cuando en 1915 forma pareja con José Razzano, intérprete de tangos que ya goza de alguna fama, ninguno de los dos sospecha que en pocos años van a convertirse en ídolos populares.

Fue a raíz de una apoteósica actuación en el teatro Esmeralda de Buenos Aires, en 1917, cuando el personal estilo de interpretar el tango de Carlos Gardel enamoró al público porteño y el dúo Gardel-Razzano un reconocimiento inmediato.

Se mantendrán juntos hasta 1925, cuando Gardel debió partir solo hacia Europa. José Razzano, aquejado de una enfermedad en la garganta, había decidido abandonar la actividad. Esta desgracia de su compañero significará, de todos modos, la fama internacional para el Morocho del Abasto.

Tres años después de cruzar el Atlántico, escribe a Razzano: «La venta de mis discos en París es fantástica; en tres meses se han vendido setenta mil». Bing Crosby, Charles Chaplin y Enrico Caruso disfrutan de canciones como «Mi noche triste», «Volver» o «No habrá más penas ni olvido». Si grande había sido el éxito de Gardel en París, no lo fue menos en España

Mientras se convertía en una estrella de cine a través de un tendal de películas que lo tuvieron como protagonista, La voz, la estampa porteña y su pícara sonrisa arrollaban, especialmente entre las mujeres. Nadie es capaz de imitar el fraseo de Gardel ni su habilidad para metamorfosearse en los personajes de sus canciones.

Además, su figura simpática, mezcla de pícaro y castigador siempre bien vestido y repeinado, se convierte en un modelo para los porteños.

A pesar de esta imagen, Gardel fue en la intimidad un hombre tortuoso, retraído y contemplativo, atenazado por una oscura tristeza y víctima fácil del abatimiento. En cuanto a su vida sentimental, confesaría que nunca se había enamorado de mujer alguna, «porque todas valen la pena de enamorarse y darle la exclusividad a una es hacerle una ofensa a las otras».

En 1934, después de haberse paseado en olor de multitud por escenarios de Europa y Estados Unidos, Carlos Gardel inició una gira por toda América latina provocando el delirio. Los teatros se llenaban de un público rendido al cantante argentino, que lo aclamaba y lo continuaría aclamando hasta después de su muerte.

Cuando recién tenía 34 años, el 24 de junio de 1935, mientras se encontraba en la cúspide de su fama, el cantor murió en un accidente de aviación cuyas causas nunca se aclararon.

Gardel viajaba de Bogotá a Cali en un F-31 de la compañía Saco. Hecha escala en Medellín, el avión recorrió la pista para alzar el vuelo, pero apenas había despegado se precipitó a tierra, chocando con otro avión alemán que esperaba en la cabecera de la pista.

Corrieron rumores acerca de un tiroteo entre Gardel y uno de sus acompañantes, con el piloto del aparato como víctima inocente e involuntario causante de la tragedia. Sin embargo, y según el testimonio de los dos únicos pasajeros que lograron salvarse de los veintiuno que viajaban en el vuelo, la verdadera causa del accidente parece haber sido el fuerte viento reinante que hizo que el piloto perdiera el control del trimotor en el momento del despegue.

Share Button
Share

Puede que también te guste...