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Por Edgardo Solano

Un repaso por el auspicioso  álbum debut de la legendaria banda platense que marcó el inicio de una larga discografía y que fue el predecesor de “Oktubre”, el pico creativo del grupo.

Después de haber tocado por años en el Under, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota pudieron plasmar parte de ese repertorio en los estudios de grabación en “Gulp!”, su primer y prometedor opus que marcó el inicio de la frondosa discografía de la legendaria banda platense.

Por entonces, el combo de El Indio, Skay & Cía. eran una banda de culto con una concurrencia en la que se entremezclaban bohemios, trasnochados, intelectuales, artistas y un público variopinto que encontraba una propuesta innovadora en la escena del rock argentino, principalmente en las líricas de esa banda.

El grupo, sin imaginarse la masividad que llegaría años después, giraba por el circuito porteño de pubs y boliches con un auditorio fiel y consecuente que comenzó a crecer gracias de boca a oído y también a través de las escasa menciones periodísticas que tuvo la banda, como en “Las Páginas de Gloria”, el segmento de rock de la periodista Gloria Guerrero en la revista “Humor”.

“Gulp!” fue grabado a fines de 1984 y recién llegó a las bateas al año siguiente, editado en forma independiente. Precisamente, en ese 1985, en plena euforia por el retorno de la Democracia, Los Redondos presentaron formalmente su primer opus el 23 de agosto en Cemento, el icónico espacio porteño que regenteaba el fallecido Omar Chabán.

Con un joven Lito Vitale como técnico de grabación y también como tecladista invitado, además de las respectivas voces y guitarras de El Indio y Skay, la banda que grabó el disco se completaba con Fargo Daviero en guitarra, Willy Crook en saxo, Semilla Bucciareli en bajo y el Piojo Ábalos en batería. También aportaron sus coros en varios temas Claudia Puyó, Laura Hutton y María Calzada y El Gonzo Palacios se sumó en saxo alto en «Ñam fri frufi fali fru» y «Unos pocos peligros sensatos».

Producido artesanalmente, aunque con un sonido correcto y ajustado, la voz de El Indio aún no sonaba como “una frenada del auto”, tal como el propio cantante ironizó cuando su gola comenzó a sufrir el desgaste de los años. Además, en los ’80 y antes de que el sonido de la banda sume máquinas y coquetee con el tecno, los fraseos de la guitarra de Skay junto con el aporte del saxo, le dieron la marca registrada a Los Redondos.

También aparece en los créditos la “Dirección Artística e Ingeniería Psíquica”, a cargo de Poly, Carmen Castro, la histórica mánager del grupo y también la integrante del triunvirato que tomaba las decisiones en Los Redondos, junto con El Indio y Skay.

En los 40 minutos que dura el disco, la extensión estándar en la era previa a los CD, en los tracks corren con armonía rocks, agradables melodías de medio tiempo, alguna base ska (“La Bestia Pop”) y hasta un clima de marcha marcial (“Criminal Mambo”).

Las líricas de entonces eran en menos herméticas que las que compuestas por la prolífica dupla Solari-Beilinson posteriormente, aunque ya jugaban con misteriosas e intrincadas metáforas que alimentaban múltiples interpretaciones, hasta las más delirantes, entre los fans de la banda.

El arte de tapa y del sobre interno quedaron en manos de Rocambole, el alter ego del Mono Cohen, quien se encargó por mucho tiempo de esta tarea y también de las escenografías de las banda. En la tapa, sobre un fondo negro, impacta con la única mención del nombre del grupo y en el reverso se monopolizan los créditos.

En el sobre interno, no reproducido fielmente en la reedición en CD, figuran las letras de las canciones, dibujos de Rocambole y la ironía de la banda puesta de manifiesto en con una circular de COMFER, que solicita la censura de “Criminal Mambo”.

Este auspicio debut discográfico que invitada a ser escuchado con frecuencia, fue el prólogo de “Oktubre”, el pico creativo del grupo. Luego, no mostraron ningún bache creativo en “Un baión para el ojo idiota”, “¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado” y “La mosca y la sopa”, los siguientes discos.

El doble, aunque vendido por separado, “Lobo suelto / Cordero atado” y “Luzbelito” dejaron temas antológicos y otros que no llegaron a tocar la alta vara que tenía el grupo. Los últimos discos “Último Bondi a Finisterre” y “Momo Sampler”, con un sonido alejado del original del grupo, no le hacen sombra a los primeros álbumes.

La banda fue ganando masividad, mientras su público aumentaba y cambiaba, tal como cambiaba el país, y el grupo fue dejando boliches y pubs, para tocar en lugares más amplios hasta llegar a colmar el estadio de River Plate. “Gulp!” y los demás discos ochentosos mostraron, quizá, la mejor faceta de Los Redondos y ninguna otra formación pudo aún eclipsar aquellas creaciones.

Tema por tema

Barbazul versus el amor letal: Este poderoso tema, que abre el disco, hace referencia al personaje Barbazul, protagonista de un cuento recopilado y adaptado por le escritor galo Charles Perrault.

La Bestia Pop: Uno de los clásicos del álbum con una base ska y con un estribillo hipnótico y pegadizo. En la lírica se destaca alguna frase sobre los peligros de las drogas pesadas. “Hay caballos que mueren potros sin galopar”, canta el Indio esta metáfora sutil.

Roto y mal parado: La temática del fuego domina a este tema y también el estribillo en el se entremezclan las voces de Solari con la de las tríada de coristas invitadas. Los solos de saxo y guitarra hacen el resto.

Pierre, el vitricida: La canción del escueta del álbum dedica al “Gordo” Pierre Bayona, quien fuera productor y mánager de varias bandas del rock argentino, y sobre su culpabilidad en la rotura de un vidrio.

Unos pocos peligros sensatos: Quizás, uno de los temas más bonitos del disco y que se fue perdiendo en repertorio en vivo de la banda. El fraseo de las cuerdas de Skay y machacante “Golpe de suerte” del estribillo decoran esta gema.

Yo no me caí del cielo: También conocida como “Olor a gato” en aquellos tiempos, este rock apto para mover las asentaderas cuenta con una sabía aclaración del Indio para tenerla muy en cuenta: «Hay alegrías y alegrías”.

Te voy a atornillar: Esta canción abre el lado B de la edición en vinilo. La canción coquetea con un chichoneo sexual entre amantes. “¿Cómo puede ser qué te alboroten mis placeres?”, se cuestiona el cantante, aunque sin encontrar respuesta.

Superlógico: Un tema de medio tiempo que se convirtió en preferido de este disco y clásico imperecedero. Aquí también se bucea en una temática sexual y los coros femeninos le dan el valor agregado a esta canción.

Ñam Fri Frufi Fali Fru: Furioso rock & roll con el piano de Vitale de fondo. Con las coristas decorando el tema y con alguna alusión sexual y, quizás, también a las drogas, en forma solapada.

El infierno está encantador esta noche: Otro de los picos elevadísimos del álbum. Las preguntas retóricas marcan el pulso de la canción para luego deleitarse con los placeres con convida un “Infierno encantador”.

Criminal Mambo: La pieza más potente del disco con una cadencia de marcha marcial. En el sombre interno se incluye una parodia de una carta del COMFER que prohibe la difusión del tema por su “contenido grusero y burdo”.

Pista fantasma: Cierra este trabajo el piano de Vitale en clave de los años ’30 con el murmullo de los parroquianos de algún imaginario lugar.

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