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Por Edgardo Solano

El proyecto silencioso que el Flaco desarrolló con Rodolfo García y Daniel Ferrón se editó formalmente y saca a la luz a un puñado de bellas canciones en las que el trío se lució con aires jazzeros.

En 2010, poco después del megaconcierto de “Las Bandas Eternas”, Luis Alberto Spinetta, Daniel Ferrón y Rodolfo García comenzaron a tocar, en la sala de ensayo que este último montó en su propia casa, en encuentros programados estratégicamente los miércoles (el día libre de los tres) luego de la caída del sol a tocar sin ningún plan determinado de grabar el material y ni de presentarlo en vivo.

Sin esas urgencias, esos encuentros, que sólo tenían el placentero objetivo de juntarse a tocar y a cultivar la amistad, se trasladaron luego, para mayor comodidad del trío, al estudio La Diosa Salvaje, al enclave en plena Villa Urquiza que construyó el Flaco para vivir, grabar y ensayar.

Mientras Spinetta seguía con las presentaciones junto a su banda, Ferrón seguía ocupando con solvencia el rol de bajista en el grupo que acompaña a Jairo y García no descuidaba sus proyectos, este trío decidió comenzar a formalizar su relación y decidieron “demear” el material que desde hace meses venían trabajando en sus encuentros de entresemana, que incluían también una deliciosa cena y una larga sobremesa para escuchar música, mirar videos y conversar hasta altas horas de la noche.

El material estaba a su punto en diciembre de 2010, pero la banda optó por esperar hasta marzo del año siguiente a que Mariano López, el ingeniero preferido de Spinetta, se haga un hueco en sus compromisos para registrar para la posteridad, aunque no tenían ese plan, los temas que nacieron en zappadas e improvisaciones y que terminaron en composiciones formales.

En primera toma los tres integrantes de “Los Amigo” (si, sin S) grabaron buena parte de lo que tenían ensayado al dedillo el 4 de marzo de 2011 y en la jornada siguiente el Flaco sumó su voz para terminar la labor. Así de simple.

Esas canciones con aires jazzeros y porteños, de las que ya se sabía su existencia pero que sólo unos pocos había podido escuchar, están en las bateas editadas en CD, en una publicación a la altura de las circunstancias.

Esta música, que se constituye en le primer disco póstumo de Spinetta, respira a la libertad y la frescura con la que se creó y que también fuera para el Flaco como un viaje en el tiempo a los ensayos de Almendra en la casa familiar ubicada en la calle Arribeños, en el Bajo Belgrano.

Vaya paradoja, y según dan cuenta Ferrón y García, el propio Spinetta era el más entusiasmado con el proyecto y era el primero en llegar a la casa del baterista para las citas de los miércoles. Como si fuera un principiante y con una humildad desbordante, llamaba a la puerta de la familia García con una guitarra en una mano y un amplificador en la otra y sin ningún séquito detrás, como suelen tener las estrellas de rock. Cuando Spinetta se transformó en anfitrión del grupo, esperaba a sus dos compañeros de banda con sus brazos abiertos y con un “estoy más contento que perro con dos colas”, como frase de bienvenida.

A pesar de tener cuarenta discos (uno mejor que el otro), haber resumido su carrera en el show de “Las Bandas Eternas” y de que su figura esté bañada por siempre en el bronce, Luis Alberto quiso mantener casi en secreto a este nuevo grupo y casi lo logró.

“Los Amigo” demuestra, una vez más, que el formato de trío le calza perfectamente a Spinetta , como ya lo hizo en el primer Pescado Rabioso, en gran parte de Invisible y con Los Socios del Desierto. A pesar de que él mismo nunca hizo alarde de dotes de violero, renueva sus credenciales en el este disco demostrando sus enormes condiciones técnicas como guitarrista rítmico (quizá uno de los mejores del rock argentino en esta labor) y también su solvencia en los solos.

Rodolfo García, como más de medio siglo sentado ante la batería y habiendo tocado desde en Almendra y Aquelarre y hasta en la banda de Víctor Heredia, brilla con su swing en los momentos más jazzeros del disco y le pega más fuerte al parche cuando corresponde.

El baterista es amigo de Spinetta desde el lejano 1963 y se convirtió en una suerte de hermano mayor para ese pequeño Luis de entonces y hasta lo sumó a su grupo de entonces: Los Larkins. El Flaco dijo en más de una oportunidad que él no hubiera sido quien el mismo si no se hubiera topado con Rodolfo.

El bajista original del trío era Emilio del Guercio y con él se reunía al 75% de Almendra, pero su agenda de actividades le jugó en contra y Ferrón tomó su lugar. El bajista de Jairo, un recién llegado al universo spinetteano, se luce también con su instrumento en todos los temas del disco.

También aporta lo suyo el Mono Fontana y Claudio Cardone, dos de los tecladistas estrella de Spinetta, que le agregaron sus magistrales toques a lo que el trío había dejado grabado.

Al frente de esta edición está todo el Clan Spnietta y todos los hijos de Luis (Dante, Catarina, Valentino y Vera) se repartieron distintos roles. También Mariano López volvió a estar en los controles y el diseño de tapa partió de un dibujo de la propio Luis Alberto.

“Los Amigo” es el primer disco que emerge del archivo spinetteano y pudo haber sido editado en su momento, pero la salud y la voz del músico empezaron a resquebrajarse lentamente. Es muy posible que no sea el último material póstumo de Spinetta que alga a la luz porque debe haber grabaciones (más o menos terminadas) en los cajones de La Diosa Salvaje y en otros estudios en los que grabó sus discos y también registros en vivo y algunas perlas por descubrir aún.

Tema por tema

Apenas floto: el disco abre con este tema en clave de jazz, que sabe ligeramente a la etapa de Jade y al disco “A ’18 del sol”. Nacida originalmente como una composición meramente instrumental, el Flaco le puso letra y hasta sus compañeros de banda no sabían esto, sorprendiéndose con al escuchar la voz de Luis. “Y si despierto sólo en alta mar, y penas floto”, canta Spinetta con voz aún intacta.

Iris: “Somos la peor banda de la cuadra, pero tenemos un hit”, les decía con su humor característico Spinetta a sus compañeros de banda por esta bella canción dedicada a Ana, la hermana de Luis Alberto, que tiene todos los codimentos para ser un clásico. El tema está decorado con los arreglos de cuerdas del rosarino Claudio Cardone ejecutados por las Kashmir Orquesta.

El Cabecitero: compuesta por los tres integrantes del trío y además con un lucimiento compartido, este tema también bucea en los mares del jazz rock. La lucidez musical de Spinetta hace que un tema suyo pueda ser genial, hasta prescindiendo de su voz y de su poesía.

Bagualerita: compuesto para Leda Valladares, este tema fue grabado por Liliana Herrero en el álbum triple “Raíz Spinetta”, un tributo folklórico a la obra del músico, y esta versión suena rockera que la de la cantante entrerriana. A la grabación original, se le suman los teclados y efectos tocados por las manos maestras del Mono Fontana, o el “Teacher”, como justicieramente lo llamaba Spinetta.

El Gaitero: también de composición conjunta de todos Los Amigo y de carácter instrumental. Con el sustento del swing de la base de García y Ferrón, la guitarra de Spinetta fluye en una hermosa melodía y en ajustadísimos solos.

Canción del lugar: el porte de Claudio Cardone en teclados, efectos y arreglos embellece esta composición de Spinetta, que es la más rockera del disco. “Oye, pídele al viento que cante la canción del lugar, con la esperanza de tu amor así”, cierra el tam con estos versos.

Iris (versión acústica): sin la batería de García y el bajo de Ferrón, la guitarra y la voz de Spinetta esta acompañada por las cuerdas de la Kashmir Orquesta, que interpreta los arreglos de Cardone.

Río como loco: este tema, una suerte de track fantasma, es un potente instrumental con el aporte de Valentino Spinetta, uno de los hijos de Luis, en teclados, al que Luis no llegó a ponerle la voz, a pesar de que la letra ya estaba escrita.

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