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Entre otros eventos, el Museo Noordbrabant inaugurará una gran exposición y se publicarán de los resultados de una investigación sobre su obra.

Una gran muestra sobre Jerónimo El Bosco (1450-1516) que tendrá lugar en Holanda, la publicación de los resultados de una investigación sobre su obra y un frondoso programa de eventos, serán algunos de los eventos que tendrán lugar en este 2016 en los Países Bajos para conmemorar el 500 aniversario de la muerte de este artista.

En vísperas de las celebraciones y la gran exposición “Jheronimus Bosch, visiones de un genio” que el Museo Noordbrabant inaugura en febrero de 2016, en Den Bosch, la ciudad donde nació el pintor medieval más representativo de Holanda, está casi lista para albergar una de las celebraciones más importantes que tendrá lugar en la capital de la provincia de Brabante.

De las 45 obras distribuidas en 10 países que a la fecha se le atribuyen al pintor, la exposición recogerá 20 pinturas y 19 dibujos, cedidas por instituciones como el Prado, el Louvre y el museo de Washington, entre otros, y de los cuales 12 fueron restauradas a propósito de la exposición.

En total se expondrán 70 objetos de arte medieval de los siglos XV y XVI, entre los que se encuentran piezas de sus discípulos, objetos personales y de la época.

Hieronymus Bosch, nació en Hertogenbosch, actual cuidad de los Países Bajos y debe su nombre a su lugar de nacimiento, donde al parecer permaneció durante toda su vida.

Fue hijo y nieto de pintores, por lo que su educación tuvo lugar probablemente en el taller familiar, y realizó un matrimonio ventajoso, que le permitió vivir desahogadamente, entregado a su vocación por la pintura, que le reportaría un gran éxito. Poco después de su muerte, personalidades como el Rey Felipe II fueron coleccionistas fervorosos de sus obras, que se hallan repartidas por todo el mundo y de las que existe una excelente muestra en el Museo del Prado.

Aunque se desconoce la cronología de su producción artística, se cree que pertenecen a la primera época sus obras más convencionales, como “El charlatán” o “La crucifixión”. En el centro de su carrera se sitúan sus realizaciones más famosas, una serie de creaciones abarrotadas de figuras, completamente al margen de la iconografía de la época, ambientadas en paisajes imaginarios y repletas de elementos fantásticos y monstruosos, tales como demonios o figuras medio humanas y medio animales, que conviven con figuras diáfanas y paisajes tranquilos y encantadores.

En esta línea también se encuentran los trípticos de “Las tentaciones de San Antonio”, “El carro del heno” y “El jardín de las delicias”, en los que más allá de la fantasía turbulenta y de la dificultosa interpretación de la simbología, triunfan una técnica excelente, fluida y pictórica, y un color brillante, en los que reside buena parte de su belleza.

Después de estas obras magistrales, en las que algunos intérpretes ven la representación de la locura humana, realizó cuadros más tranquilos y positivos, para cerrar su carrera con una serie de obras sobre la “Pasión de Cristo”, en las cuales la figura bondadosa del Salvador aparece rodeada de una muchedumbre de seres deformes y de rostros bestiales.

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