La novela del escritor británico llega nuevamente a las librerías en una edición conmemorativa que recuerda el furor que tuvo al renovar la ficción de espionaje con un argumento considerado verdadero.
«El espía que surgió del frío», del escritor inglés John Le Carre, llega nuevamente a las librerías a 50 años de su aparición en una edición conmemorativa que recuerda -con prólogo del autor- el furor que tuvo al renovar la ficción de espionaje con un argumento considerado verdadero por la mayoría de sus lectores.
«Escribí ‘El espía que surgió del frío’ a los treinta años, bajo una intensa tensión personal que no compartía con nadie y en una privacidad extrema», cuenta en el prólogo el autor, John Le Carre, al recordar sus cinco años como agente del servicio de inteligencia de su país, camuflado como diplomático en la embajada británica de Bonn, tras lo cual sólo se dedicó a escribir.
La novela, ahora publicado por Penguin Random House en su colección de bolsillo, había recibido el visto bueno del British Foreign Office para el que trabajaba el escritor, por considerarlo «pura ficción», sin riesgos para la seguridad, una impresión no avalada por la prensa internacional que decidió verlo como «auténtico», además de «un revelador Mensaje del Otro Lado».
Semejante percepción hizo que este título de Le Carré, -antes había publicado un par de novelas con seudónimo- ascendiera rápidamente a la lista de los libros más vendidos y allí se instaló por mucho tiempo.
El asombro de Le Carre entonces -tenía 30 años- dio pie a «cierta rabia impotente»; «comprendí que ya para siempre se me catalogaría de espía convertido en escritor, y no de escritor que, al igual que docenas de los de su especie, había pasado un tiempo por el mundo secreto y luego había escrito sobre el tema».
«Pasados cincuenta años, no relaciono ese libro con nada que me haya ocurrido jamás a mí, salvo por un mudo encuentro en el aeropuerto de Londres cuando un hombre de mediana edad con cierto aire de militar, muy consumido, que vestía una gabardina manchada, plantó en la barra un puñado de monedas extranjeras de distintos países, y con un cerrado acento irlandés, pidió tanto whisky como pudiera pagarse con aquellos. En ese momento nació Alec Leamas», cuenta.
Se trata del célebre personaje de la novela, un viejo agente británico que se mueve en una trama de traiciones, que tienen lugar en un escenario -a principios de la década de los 60- donde «yo observé esa situación principalmente desde los confines de la embajada británica en Bonn, y sólo muy rara vez en toda su crudeza».




