Por Mauricio Amaya
Arremetiendo, otra vez, con su impronta callejera, existencial y onírica, la banda subió a la web su tercer álbum, el continuador de «Gratitud».

¡Que viva el blues y la psicodelia! Los Espíritus son parte de la celebración en su búsqueda por los mares rítmicos e hipnóticos. Arremetiendo de nuevo con su impronta callejera, existencial y onírica, la banda subió a la web su tercer disco, «Agua Ardiente», un destilado con el que ratifican su lugar preponderante dentro del under argentino.
«Agua Ardiente», el nombre del disco, sintetiza el rol que juegan el fuego y el agua (más bien el mar con su bravura y trascendencia) en los temas. Luego de “Huracanes”, una declaración de fuerza del grupo, llega “Jugo”, una referencia del disco por la psicodelia y groove propios de Los Espíritus, tanto como “La mirada”, un tema con cadencia funk, que narra una crónica cidatina con perspectiva existencialista y que desliza alguna crítica al tarifazo. Sello espíritu,en la voz etérea y blusera de Maxi Prietto.
La calidad, calidez y justeza del sonido son una constante en la banda, algo en lo que este disco no hace a la diferencia respecto al primero, Los Espíritus, y el segundo, «Gratitud». La percusión precisa y tribal, guitarras rabiosas y voces gastadas.
Pero lo que sí hace a la diferencia respecto a los trabajos anteriores es la frontalidad al tocar algunas cuestiones sensibles al tejido social y la coyuntura. En “Perdida en el fuego”, se cristaliza el repudio a la violencia de género, a través de la historia de una mujer quemada, cuyas “ganas de cantar quedan perdidas” en la hoguera. Una balada blusera, en la voz desvencijada de Santiago Moraes, cargada de tristeza. Le sigue “Esa luz”, una canción agradable en la que la guitarra apenas la agita un poco de a ratos.
Hay una denuncia a la cultura del espectáculo y a la maquinaria capitalista en “La rueda que mueve al mundo”. “La rueda que mueve al mundo va a girar y girar. Dinero, sangre, humo, eso la hace girar. La rueda alimenta a unos pocos. Para nosotros no hay más que palizas o entretenimientos. Para poder aguantar vamos a trabajar y después a comprar”, canta Prietto.
En “Mapa vacío” hay un relato sobre lo efímero de la vida, donde Moraes salpica algunas imágenes, entre cotidianas y extraordinarias: “Y a mi se me derrite la manteca esperando ¿dónde van los trenes que no frenan acá? Una vez yo tuve un sueño en el que me iba volando. Y caía en cámara lenta hasta despertar”.
Hacia el cierre del disco, con “Las armas las carga el diablo”, Prietto encara una crítica corta y directa al gatillo fácil y el amarillismo de los medios de comunicación. Luego, dos temas cargados de amor por la naturaleza.
En “Luna llena”, una serie de metáforas conectan de forma sutil los elementos naturales y el hombre, para luego tomar más fuerza en “El viento”, una oda al estilo The Doors (¿The Spirits?), un llamado a “escuchar que la tierra está susurrando la gran verdad”.



