Share Button

Por Edgardo Solano

Un recorrido y un repaso por la obra de este genial historietista, escritor y guionista de cine, que supo mezclar el humor ácido, la ironía y el fútbol en su obra.

“Para mí un libro de cuentos es como un cd: hay dos o tres temas fuertes y el resto es relleno, para acompañar”, señaló en una oportunidad Roberto Fontanarrosa a propósito de la salida de uno de sus libros de cuentos y a modo de una autocrítica pícara e irónica sobre su propia obra.

Este genial historietista, escritor y guionista de cine, entre otras de sus facetas, falleció el 19 de julio de 2007, hace exactamente una década,  a los 62 años, a causa de la esclerosis lateral amiotrófica que le había diagnosticado cuatro años antes y que también lo había comenzado a retirar de sus múltiples facetas.

El “Negro”, nacido en la pródiga y prolífica Rosario en 1944, integró la tríada de grandes historietistas y humoristas gráficos de su época, junto con Quino y Caloi, aunque quizá pueda sumarse algún nombre más a este selecto grupo.

Sus primeros trazos aparecieron a fines de los ’60 en Revista Boom de Rosario y luego en Zoom y Deporte 70. En las década siguiente pasó a jugar en Primera cuando pasar a integrar el staff de la revista Hortensia, uno de las grandes medios del humor gráfico argentino.

Fue en esas páginas donde apareció Boogie, el aceitoso, una sagaz sátira a los marines y los boinas verdes estadounidenses, cuando no había cesado el fuego en la Guerra de Vietman. Este personaje, además de racista y misógino, no sentía compasión alguna por los crímenes que perpetraba.

Esta matón a sueldo se fue transformado en un clásico y sus viñetas parecieron en diversos medios, hasta que fueron compilados en una edición definitiva. Además, llegó al cine en 2009 en un formato de animación 3D.

“Sé que Boogie me despreciaría mucho, Por sudamericano de un país periférico. No entraría dentro de sus amistades”, dijo el Negro sobre su creación.

En Hortensia, cuna de grandes humoristas gráficos argentinos, también apareció a fines de 1972 Inodoro Pereyra, un personaje telúrico, quizá con algo de parodia al Martín Fierro y la literatura gauchesca en general. Acompañado en principio sólo por parlante perro Mendieta, un fiel compañero y también un confidente, en la inmensidad de la llanura, se fueron sumando otros personajes a las viñetas con el correr de los años.

Este particular gaucho se convirtió en un clásico imperecedero al aparecer, luego de ser parte de varias publicaciones, diariamente en Clarín. Este personaje, que dejó un tendal de frases antológicas, también fue adaptado al teatro y al cine.

Además, el Negro hizo correr tinta en un sinnúmero de chistes sueltos, muchos de ellos compilados luego en distintas publicaciones, con una ironía sobre lo costumbrista y muchos con una temática futbolera, una pasión que recorre la obra del rosarino.

Esa destreza por el humor gráfico, no eclipsa de todos modos la gran capacidad que mostró Fontanarrosa como escritor, en especial con sus cuentos y relatos breves, además de su incursión cercana al periodismo deportivo durante varios mundiales de fútbol, incluso las crónicas que firmó bajo el alter ego de la Hermana Rosa. También en el libro “No te vayas campeón” redundó en la historia futbolera.

Los cuentos de Fontanarrosa, aunque él diga que sólo un par son dignos en cada libro y que el resto son un mero relleno, merecen un digno lugar en la literatura argentina. Con personajes cotidianos y reconocibles, muchos de ellos ambientados en su Rosario natal y con algunos toques fantásticos, estas narraciones son una excelente pincelada de paisajes urbanos, de discusiones alrededor de la mesa de un bar sobre los temas más diversos con la amistad de por medio y también con algunos entuertos amorosos, siempre con el humor ácido y la ironía como ejes trasversales.

“Mamá”, sobre las extrañas patologías que padecía la progenitora del narrador de la historia, “Negar todo”, sobre unas infidelidades cruzadas, y el clásico “La mesa de los galanes”, se pueden citar entre una multitud de cuentos compilados en quince libros.

También el fútbol, y su querido Rosario Central, aparecen una y otra vez en sus cuentos, incluso con un extraterrestre que suma al plantel del Canalla. En esta temática su cuento “19 de diciembre de 1971” es quizá la mejor narración futbolera de la historia, más allá del amor por la camiseta que profese cada lector.

La temática futbolera monopoliza “Puro fútbol”, una de sus ediciones compilatorias, pero también sirve a veces como un disparador de otros historias que van más allá del deporte.

El fútbol reaparece en “El área 18”, la más destacada de sus tres novelas, que narra los preparativos de un combinado internacional para disputar un partido épico en el temible Bombasí Stadium. El propio autor reconoció que le hubiera gustado que se lleve al cine esta historia y hasta fantaseo con qué Steven Spielberg podría estar al frente de esta empresa.

El Negro también se acercó al cine como guionista, creador de personajes y hasta apareció de “cuerpo presente” (como decía Inodoro) en “¿De quién es el portaligas?”, de su coterráneo Fito Páez.

También dejó marcada su estrella en noviembre de 2004 cuando participó en el Congreso Internacional de la Lengua Española en Rosario. Jugando de local y ante los Reyes de España y un tendal de intelectuales.

En ese encuentro se despachó con un tendal de malas palabras y con una serie de preguntas retóricas como “¿Por qué son malas las palabras? ¿Les pegan a las otras? ¿Son malas porque son de mala calidad?”.

Rompiendo el molde y la pacatería de estas citas, se ganó la ovación general del ilustrado auditorio y las imágenes que inmortalizaron estas imágenes sigue acumulando reproducciones en YouTube.

Al margen de su talento en tantas facetas artísticas y de sus múltiples reconocimientos a su frondosa obra, Fontanarrosa se mantendrá justicieramente por siempre como un personaje querible y entrañable, incluso para aquellos que apenas asomaron la nariz a su obra.

Share Button