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Por Edgardo Solano

Este ensamble vocal, dirigido y fundado por Gastón Dvoskin en 2014, agrupa a 16 jóvenes músicos que interpretan obras del folklore argentino.

Cuerdos Vocales es un ensamble vocal, dirigido y fundado por Gastón Dvoskin en 2014, que  agrupa a 16 jóvenes músicos que interpretan obras del folklore argentino, explorando  el entramado de la voz como instrumento.

Esta formación celebra su primer lustro sobre los escenarios el sábado 7 de abril a las 20,30 en la porteña Sala Caras y Caretas, ubicada en  Sarmiento 2037.

La propuesta de Cuerdos Vocales manifiesta que el folklore avanza constantemente y se ve influenciado por diversas músicas del mundo, que conversan entre sí y enriquecen cada nueva interpretación.

Además, el uso de la voz como único instrumento también refleja este concepto y posiciona al ensamble dentro de una nueva e interesante generación de artistas del panorama folklórico.

El grupo aborda en su repertorio bailecitos, vidalas, zambas, gatos, huellas y huaynos, entre otros. En algunas ocasiones, se distancian un poco del eje principal para sorprender y enriquecer lo que hacen sin desdibujar la esencia e identidad del grupo.

El grupo le integran las Sopranos Ingrid Fainstein Oliveri, María Belén Chiara, Lucrecia Presti y Juliana Kaiser; las Mezzosopranos Valeria Vilaseca, Julia Serafini, Jazmín Laurenza y Luna Eva Falaschi; los Tenores Juan Gris, Agustín Vannucci, Axel Manescau y Leonardo Petroni, y los BajosAlejo Trosman, Santiago Colombatto, Bernardo Guarrochena y Alejandro Randazzo.

Antes de la presentación en Caras y Caretas, Gastón Dvoskin, director de Cuerdos Vocales, dialogó con Crónicas y Versiones.

– ¿Cómo surge la idea de armar un grupo con la voz como instrumento principal?

– Es la búsqueda de un sonido propio, que me representa a mí como director, y al grupo como cantantes, en un estado muy puro y despojado, sin instrumentos más que nuestro propio cuerpo. Por otro lado, también permite hacer armonías no temperadas, es decir aquellas que no están sometidas a un sistema de afinación fijo como el piano, sino que puede ser flexible para acomodar cada nota dependiendo de cada acorde. Esto produce una sensación más “armónica”, en la que los intervalos y las voces conviven de manera más pacífica.

– ¿Cantar a capela les facilita poder actuar en distintos espacios?

– Sí. Podemos cantar en una sala acogedora para 100 personas como Café Vinilo, en una sala de conciertos de 1000 personas con la Usina del Arte, o en paisajes abiertos como una montaña, una playa… Nos necesitamos a nosotros mismos, no dependemos ni de instrumentos ni de electricidad. Por ejemplo, es bastante habitual que una charla en un bar o restaurant después de un concierto, ensayo o programa, se convierta en un miniconcierto improvisado. Eso nos da una frescura, ya que podemos variar el lugar desde el que cantamos, y no estar siempre arriba de un escenario, y cualquier persona que pasa por la calle se puede convertir casualmente en nuestro público momentáneo.

– Al margen de lo generacional, ¿qué otros aspectos tienen en común los integrantes del grupo?

– La intensidad del trabajo y de las experiencias compartidas fue haciendo que el grupo sea muy unido. Varios son muy amigos y se arman siempre programas después de los ensayos o en diversos momentos de la semana. Además de hacer música juntos, compartimos en equipo la producción musical, que implica pensar el proyecto, planificar, hacer difusión, producir material audiovisual, administrar redes, entre otras actividades. Eso también hacer que el grupo se fuera uniendo, porque compartimos el proyecto de una manera bastante integral.

Generalmente los integrantes vienen de la rama del folkore contemporáneo, con lo cual compartimos algunos gustos musicales, artistas que admiramos, y vamos a escuchar conciertos juntos.

También con el tiempo, algunos nos vamos pareciendo de a poco a otros integrantes y viceversa. El trabajo consciente de escuchar al otro es intenso también a nivel humano. Hay que hacer convivir diferencias y adaptarse un poco sin romper el equilibro entre lo grupal y lo individual: ambos elementos tienen que estar presentes en la búsqueda sonora.

– ¿Qué abordaje realizan del folklore argentino?

– Hacemos un tipo de folclore contemporáneo, en el que se agregan algunas complejidades y riquezas rítmicas, armónicas y texturales. Tenemos un instrumento que puede funcionar como un todo compacto y a la vez como algo divisible en 16 partes, en gran parte ahí radica la riqueza de lo que hacemos.

– Al margen del folkore, ¿qué otros géneros abordan en vivo?

– Para sorprender en distintas ocasiones hicimos tango, milonga, guaguancó, género canción… En nuestro próximo concierto en Sala Caras y Caretas, tendremos una sorpresa bastante intensa en una obra que realizaremos.

– Por último, ¿tienen pensado grabar en un estudio el material que llevan al vivo?

– Sí. Nos gustaría encarar la grabación del CD para la segunda mitad del año. Con obras de nuestro recorrido y seguramente algunas nuevas también para hacerlas con artistas invitados. ?

El clip de “Doña Ubenza”

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