Share Button

Por Edgardo Solano

La banda de El Indio y Skay se presentaban por primera vez en el Estadio de Núñez el 2 de diciembre de 1989.

Para los integrantes de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota el estadio de Obras Sanitarias era una suerte de “Disneylandia del Rock” o la «Meca comercial del rock», pero finalizando los ’80 los demás espacios les iban quedando chicos, demasiado chicos.

Luego de colmar, quizás más de la cuenta, Palladium, Cemento e incluso Satisfaction, un local ubicado sobre Bernardo de Irigoyen, donde había funcionado un cine en el barrio de Constitución, la banda liderada por El Indio, Skay y Poli desembarcó en el estadio de Núñez.

Hace exactamente 30 años, en la calurosa jornada del 2 de diciembre de 1989, Los Redondos salían a escena en Obras, que había tenido su bautismo de fuego en materia de recitales en 1977, con una presentación de Luis Alberto Spinetta.

“Unos pocos peligros sensatos” abrió la velada, en una colmado estadio en Libertador al 7300, con un calor abrazador dentro de las instalaciones.

Por aquellos días, ya con el menemismo comenzando a hacer de las suyas, se había desatado un polémica mediática (no al nivel de las de hoy en día, claro) sobre el arribo de la banda platense a Obras.

“Para un periodista yuppie, genuflexo y advenedizo. Carlitos del Sur, me cago en tu puta boca”,  disparó, palabras más palabras menos, desde el escenario El Indio.

Enfundado en su mameluco blanco, de astronauta italiano, apuntó esos misiles a Carlos Polimeni, en aquellos días en el desaparecido diario Sur y responsable de “El Tajo”, el suplemento juvenil y de rock del periódico.

El periodista había firmado una nota titulada “El silencio es salud”, por las críticas del grupo al estado ubicado en la Avenida del Libertador y su posterior llegada a ese lugar. Cambia, todo cambia…

Para los que estuvieron (y los que estuvimos), dejando las polémicas de lado, fue un concierto antológico. La banda acaba de sacar “Bang bang! Estás liquidado”, el cuarto disco de una carrera que iba en ascenso, y también mostraban temas de trabajos anteriores y canciones que nunca fueron a parar a grabaciones oficiales, que se encontraban en casetes piratas que se vendían a precios módicos.

Para entonces, Los Redondos ya habían editado “Gulp!”, el consagratorio “Oktubre”, “Un balón para el ojo idiota” y el flamante “Bang bang! Estás liquidado”.

La banda sonaba para los dioses en los surcos de esos discos de vinilo, pero redoblaban la apuesta en vivo, donde todo se magnificaba, tanto arriba como abajo del escenario.

Ya populares, pero no con la enorme masividad posterior, la banda eludía los medios, en especial a la televisión. Algunas notas podían leerse en la revista Humor, en las “Paginas del Gloria”, la sección a cargo de Gloria Guerrero, y en cuentagotas en otros medios.

Radicales a ultranza en la independencia de su trabajo, la banda defendía este camino con Carmen Castro, “Poli”, al frente de lo organizativo y de la logística.

La voz y las líricas de El Indio y las guitarras de Skay, uno de los mejores en el arte de las seis cuerdas en el rock argentino, formaron una dupla implacable.

La banda, luego de algunos cambios en su formación, se completaba con Semilla Bucciarelli en el bajo, que jamás desentonó desde sus graves notas, con el poderío de Walter Sidotti en la batería y con Sergio Dawi, un saxofonista con linaje jazzero.

Mientras el calor abrumaba dentro de Obras, la banda dio cátedra de rock & roll en esa jornada, como en tas otras, matizando el repertorio con algunos temas de medio tiempo.

Ya para entonces, “las bandas” le daban duro y parejo al pogo, transformado en un ritual y en una suerte de discutible folklore rockero, que terminó queriendo invertir los roles entre el público y los verdaderos protagonistas.

Los Redondos repitieron el recital el domingo 3 y el viernes 29 tocaron para cerca de 20.000 espectadores, pero en un escenario montado en la vieja cancha de hockey sobre césped y al aire libre, en donde hoy funciona el estacionamiento vehicular del club de Núñez.

Más allá del anecdotario del debut en Obras, en otro concierto en en el mismo sitio, el 19 de abril de 1991, Walter Bulacio, un joven nacido 17 años llegado desde la localidad bonaerense de Aldo Bonzi, falleció una semana después de haber sido detenido durante una razzia policial en las puestas del estadio.

Luego de este episodio, que dejó una mancha de sangre imborrable en la historia argentina y en la de la banda, fueron en procura de lugares de mayor capacidad, capaces de recibir a un público que no paraba de crecer y que los desembarcó finalmente en River, a pocas cuadras de Obras.

Los Redondos fueron más que una banda de rock y se trasformaron en una suerte de fenómeno extramusical, que dejo varias aristas para su análisis y una amplia bibliografía sobre el tema.

A once años del debut en Obras, en el principio del nuevo milenio, se oficializó la separación de la banda, con una polémica instalada sobre los motivos que provocaron el fin del grupo.

A partir de ahí, cada uno se dedicó a atender su juego y El Indio, en su aventura en solitario, siguió aumentando su masividad en aislados conciertos, mientras que los seguidores del grupo no pierden las esperanzas de un retorno que jamás se dará.

Visits: 797
Share Button