Por Edgardo Solano
El recuerdo al álbum continuador de «Gulp!», que la banda platense editó en 1986, con el que tocaron su techo creativo y que se convirtió en una de las mejores placas del rock argentino.

Luego de un largo trajinar en el under, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota había debutado discográficamente con “Gulp!”, un primer opus más que auspicioso, aunque la historia de la banda platense tomaría otro rumbo después de “Oktubre”.
El 10 de octubre de 1986, hace exactamente 30 años, se lanzaba este álbum que se convertiría rápidamente en el mejor trabajo de la discografía del grupo y en uno de los más destacados en la historia del rock argentino, a partir de una serie de temas que se convirtieron en clásicos imperecederos.
A contramano del álbum debut, que fue grabado y mezclado en escasas horas , “Oktubre” fue registrado con mayores recursos en los estudios Panda con Osvel Costa en los controles y antes ya había sido demeado en una portaestudio, que era todo un adelanto en los ’80. Estas nuevas condiciones técnicas le dieron un valor agregado al álbum, incluyendo también efectos de sonido y sobregrabaciones.
Mucho más oscuro y menos rocanlero y fresco que su predecesor, “Oktubre” contenía nueve canciones de la prolífica dupla compositiva de El Indio Solari y Skay Beillinson, una de las más fructíferas de nuestras Pampas. “Jijiji”, “Ya nadie va a escuchar tu remera”, “Preso en mi ciudad”, “Motorpsico” y “Canción para náufragos” son algunos de los temas de la placa, que no tiene desperdicio alguno y que tampoco incluía algún tema de relleno.
La temática de las líricas del álbum buceaban en tiempos en los que la euforia de la vuelta de la Democracia empezaba a mermar considerablemente. También las letras abundaban sobre el nuevo orden mundial que se avecinaba, una mirada crítica a los medios de comunicación (como en “Divina TV Führer”) y sobre alguna cita encriptada, o no tanto, sobre los excesos de los ’80, dándole cierto halo de álbum conceptual, a pesar de que no fue planteado en esos términos. De todos modos, las letras de Los Redondos siempre tuvieron libres interpretadores y hasta se trazaron algunos mitos urbanos con determinadas líricas.
Por entonces, Los Redondos, al margen de la voz del Indio y de la guitarra de Skay, se completaban con Semilla Bucciarelli, que seguiría en la banda hasta su disolución, y con Tito “Fargo” Daviero en guitarra, Willy Crook en saxo y el Piojo Ábalos en batería. Estos tres últimos músicos dejarían el grupo poco después. Se sumaron en calidad de invitados Daniel Melero (por entonces en Los Encargados) en teclados y Claudio Cornelio en percusión, por entonces integrante de Don Cornelio y La Zona.
La directivas de la banda, hasta su desintegración, eran tomadas en forma tripartita y este triunvirato lo completaba Poli, Carmen Castro, una suerte de mánager del grupo. También formaba parte del staff fijo Rocambole, el alter ego del artista plástico platense Ricardo “Mono” Cohen, que se encargaba de las escenografías, las gráficas y también de las portadas de los discos.
En la tapa de “Oktubre” este artista platense desplegó su pluma en imágenes revolucionarias, en sintonía con la estética de Antonio Berni, también una imagen de una catedral ardiendo y de un sujeto intentando romper unas cadenas. Estas ilustraciones, luego, aparecieron en miles de remeras, en banderas en los estadios de fútbol y decorando la epidermis de muchos fans ricoteros.
El álbum se presentó oficialmente durante el 18 y 25 de octubre en Paladium, un boliche icónico de los ’80, ante un nutrido público. Luego la banda se embarcaría en una larga gira y en una serie de shows porteños para seguir mostrando este material.
Los Redondos sufrieron al poco tiempo la deserción de parte de sus integrantes y, por consiguiente, la llegada de nuevos músicos, aunque las decisiones eran tomadas por el trío que ejercía un claro liderazgo.
Mientras dejaban atrás el under para ganar masividad y reconocimiento, llegó el turno un par de años después de “Un baión para el ojo idiota”, un digno continuador de “Oktubre”. Luego la banda continúo creciendo en público para pasar de los boliches a los estadios de mayor capacidad, con una primera parada en el estadio Obras Sanitarias, con algunas polémicas mediáticas en el medio, y hasta llegar a colmar River Plate.
En el medio de este crecimiento se comenzó a forjar una absurda futbolización del rock con Soda Stereo y con otras bandas del rock argentino cercanas al pop, fogoneada por cierto sector el público y no por los músicos. Al margen de la postura del grupo de no salir en televisión, quizá como una forma de no transar con el medio.
“Oktubre” es el álbum favorito para la mayoría de los seguidores de Los Redondos y también el disco que marcó un quiebre en la historia del Indio, Skay & Cía. A pesar de que la banda aumentó en convocatoria, en ninguno de sus trabajos anteriores lograron alcanzar la vara alta que pusieron en ese disco de 1986.
Tema por tema:
Fuegos de octubre: con efectos de un bombardeo abre este tema, y el disco, con una suerte de manifiesto revolucionario internacional.
Preso en mi ciudad: los garabatos de la viola de Skay marcan el pulso de esta canción de medio tiempo con el “rock como todo llanto”.
Música para pastillas: mientras comenzaba a desquebrajarse la lucha entre las dos potencias, El Indio comienza su poesía con féminas de americanas y soviéticas.
Semen-Up: con filosos punteos de la guitarra de Skay, la letra coquetea con ciertas adicciones ochentosas, en medio de juego erótico.
Divina TV Führer: Los Redondos destilan su crítica con los medios de comunicación, en especial a la televisión, un medio al que gambetearon por años.
Motor psico: este lado B es otra de las canciones de medio tiempo de “Oktubre” con una batería electrónica, propia del sonido de los ’80.
Ji ji ji: uno de los clásicos del álbum, que también ganó popularidad por convertirse en la melodía que generó el pogo más grande del mundo, según muchos fans. El solo de Skay es de antología.
Canción para naufragios: “Estamos todos en naufraga”, canta en El Indio en el tema más largo del disco, en relación con “La Balsa”, la piedra basal del rock argentino.
Ya nadie va a escuchar tu remera: otra canción para que la masa ricotera despliegue el pogo a sus anchas. “Alrededor del reloj, tu estado de ánimo”, cierra el un ululante Solari.



