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Regresa a escena este musical, con dirección de Gastón Marioni y música de Tato Finocchi, inspirado en la Buenos Aires de los años ‘30 y bajo la forma de un sainete.


“Tanguito Mío”, un musical bien guapito con libro y dirección de Gastón Marioni y música original de Tato Finocchi, vuelve a escena en los domingos 6, 13, 20 y 27 se septiembre en las tablas del Teatro El Cubo, ubicado en Zelaya 3053, del barrio porteño del Abasto.

La puesta está inspirada en la colorida Buenos Aires de los años ‘30 y bajo la forma del sainete musical, se despliega este hermoso espectáculo que se expresa y enuncia principalmente bajo la forma más propia de aquella época, forma que logró hacer hablar al corazón: el tango. Canciones, coreografías y típicos personajes de un estilo tan propio y tan cercano como nuestra propia historia, la del sainete teatral.

Completan el elenco Juan Pablo Antonelli, Laura Giménez, Julieta Raimundo, Nazareno Iñíguez, Julieta Franzese, Juan Pablo Pereira, Luciano Guglielmino, Marcelo Allegro, Gustavo Portela, Yanina Zanier Quintas y Racu Pérez.

“Tanguito Mío”, es una historia de amor casi imposible, que cobra vida en el recuerdo de un hombre que decidido a vender una antigua propiedad de su abuelo, donde existió un conventillo, descubre que esos muros guardan parte de su historia, de sus lazos y de su propia identidad.

Entre las abigarradas viviendas del conventillo se tejen historias de grandes ilusiones y pequeñas mezquindades de los inmigrantes recién llegados de las latitudes más diversas.

También viven allí sus hijos, tironeados entre las tradiciones familiares y el espacio común del juego compartido ya como pequeños porteños. Entre ellos surge una historia de amor puesta en riesgo por los intereses de los adultos.

La llegada del panadero italiano con su bella hija es el factor desencadenante de las dos líneas argumentales paralelas, la de los adultos y la de los niños, cuyos cruces disparan el conflicto.

Sobre los rasgos marcados por el sainete y el tango, se desarrolla a partir de allí en la obra una trama que hilvana de modo inteligente los estereotipos del guapo, el tano, el turco y la rusa, replicados con nueva frescura en la generación de sus hijos.

Al compás del dos por cuatro se enreda la situación hasta adquirir casi ribetes de un Romeo y Julieta de La Boca.

Pero la complicidad solidaria de la banda de chicos supera en este caso las rivalidades de sus adultos y encamina una salida que pone a salvo la felicidad infantil y pone en vereda al menos por un rato la miopía de sus padres.

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