Un repaso por la vida y la obra del autor de “Mitologías”, que fue uno de los intelectuales más lúcidos y críticos que transitaron en el Siglo XX.

El 12 de noviembre de 1915, en Francia, hace exactamente un siglo, nacía Roland Barthes, uno de los intelectuales más lúcidos del Siglo XX que, entre otras disciplinas, fue filósofo, escritor, ensayista y semiólogo, y que además fue uno de los principales representantes de la nueva crítica o crítica estructuralista.
Su padre murió en 1916, cuando el pequeño Roland tenía un año, en un combate naval en el Mar del Norte y este genial escritor vivió con su madre y nunca se separó de ella, hasta la muerte de esta en 1977.
Barthes formó parte, en su juventud, de la escuela estructuralista y fue influenciado por lingüistas y semiólogos como Ferdinand de Saussure y Roman Jakobson, y antropólogos como Claude Lévi-Strauss.
El futuro pensador estudió en el liceo Louis-le-Grand, se licenció en la Sorbona, ejerció la actividad docente en el liceo de Biarritz, en el Liceo Voltaire y más tarde en el Collège de France.
Luego, trabajó como periodista literario en Combat, fundó la revista Théâtre Populaire y dirigió la Escuela Práctica de Altos Estudios.
Influido por la obra de L. Bloomfield y F. de Saussure, a principios de los ’70 se propuso, junto a J. Kristeva, Ph. Sollers, J. Derrida y J. Lacan, fundar una nueva ciencia, la semiología, para estudiar la naturaleza, producción e interpretación de los signos sociales a través del análisis de textos.
En su primera publicación, “El grado cero de la escritura” (1953), analizó la condición histórica del lenguaje literario y delimitó los conceptos de lengua, estilo y escritura. Mientras que en “Michelet por él mismo” (1954) realizó una reconstrucción crítica de la figura del historiador J. Michelet .
A partir de una recopilación de 53 artículos publicados inicialmente en la revista Les Lettres Nouvelles, entre 1954 y 1956, se transformó luego en “Mitologías” (1957), uno de sus libros clave en el que el autor despliega una crítica aguda y mordaz sobre el pensamiento pequeño burgués y sobre la sociedad francesa de su tiempo.
El campo de la literatura y el texto fueron los temas más abordados por el especialista francés. Para él, la obra debe ser vista, no como la producción de un autor, sino como una creación en la que la significación puede darla el lector. El lector, según la visión de Barthes, juega un rol activo en la producción de sentido.
Barthes incursionó también en el denominado postestructuralismo. Esta corriente se diferencia al estructuralismo, básicamente, en su maduración. El estructuralismo ve al texto a través de signos lingüísticos, y el posestructuralismo a través de signos más ideológicos: el texto no es simplemente texto, sino discurso.
La obra de Barthes, con sus diferentes visiones y su evolución a lo largo de los años, caló en la sociedad. Su mirada profundamente crítica sobre las cuestiones cotidianas, como las maneras de vestir, la música, los eventos culturales y las comidas, y sobre el significado de estas en la vida de los hombres, hacen de él, un pensador fundamental y único.
En 1964 aparecieron los “Ensayos críticos”, en los que tomaba en consideración los puntos sobresalientes de la temática literaria más viva en Francia, afrontando de lleno, en una confrontación crítica con el estructuralismo, la problemática del significado de la obra literaria.
Los esfuerzos de Barthes también se encaminaron a sentar, de manera crítica, las bases de una teoría de semiología y esa lucha se encuentra en “Elementos de semiología” (1964) y “Sistema de la moda (1967).
En “Crítica y verdad” (1966) defendió las razones de la «nueva crítica» frente al crítico tradicionalista Raymon Picard. Son dignos de destacar sus escritos críticos sobre Michelet, Racine, Balzac, Robbe-Grillet, Brecht, La Bruyère y Kafka. Apoyó críticamente la afirmación en Francia del «nouveau roman». En 1970, en la colección «Tel Quel», publicó un nuevo volumen crítico (S/Z) en el que analizaba sutilmente la narración Sarrasine de Balzac. Escribió agudas páginas sobre Japón.
En 1975, dio un giro mayor con su “Roland Barthes”, rara y muy sugerente autobiografía fragmentaria en forma de anécdotas, pequeñas teorizaciones y aforismos. Esta obra en cierta medida fue prolongada por su libro sobre el discurso amoroso (Fragments d’un discours amoureux, 1977) , que logró un éxito tal que a su juicio fue paralizador
Barthes murió en la primavera de 1980, luego de haber sido atropellado por una furgoneta en la calle de las Écoles, frente a la Sorbona. Su último libro “La chambre claire”, sobre la fotografía, había salido pocos días antes.
Póstumamente, se publicó “Lo obvio y lo obtuso” y esta obra le siguieron un tendal de textos del autor que fueron recuperados para nuevas ediciones. La obra de Barthes goza de total vigencia y sigue siendo materia de estudio y de consulta a nivel ecuménico.



