Hace 100 años nacía Édith Piaf

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Un recorrido y una mirada por la agitada vida y por la trayectoria del “Pequeño Gorrión”, una de las mejores voces que dio Francia durante el Siglo XX.

La vida de Édith Piaf estuvo marcara por los duros trances desde su más tierna infancia y esa sucesión de tragedias jugaron como una influencia decisiva sobre su particular estilo interpretativo, lírico y desgarrado en iguales cantidades.

Esta genial artista nacía hace exactamente un siglo, el 19 de diciembre de 1915, como Édith Giovanna Gassion, aunque tiempo después llegaría el alter ego artístico de “Piaf”, que en el argot francés significa “Gorrión”. Ese apodo derivaba de su físico esmirriado.

La infancia de la mejor cantante francesa del Siglo XX transcurrió entre la miseria, la enfermedad, los prostíbulos que regentaba su propia abuela y los circos ambulantes donde trabajaba su padre.

Con apenas 14 años dejó su familia y su nuevo ámbito fueron por los cabarets de y en plena adolescencia tuvo a su hija Marcelle, su única descendencia, que murió por una meningitis a los dos años y medio.

Su vida cambió cuando, cantando en la calle, un transeúnte muy elegante se paró a escucharla. Ese hombre resultó ser un tal Louis Leplée, propietario del cabaret Gerny’s, uno de los más conocidos de la capital francesa.

Tras una pequeña prueba, Edith fue contratada en un abrir y cerrar de ojos. Su éxito no tardó en llegar y fue conocida como «Môme Piaf» («pequeño gorrión»). El propio Leplée instruyó a Edith para convertirla en una gran figura del cabaret. Era 1937, en las vísperas del estallido de la Segunda Guerra Mundial, ya había nacido una nueva estrella: Edith Piaf.

Sin embargo, la vida volvió a castigar a la joven Piaf, ya que Leplée fue asesinado de un disparo en el club que regentaba. La prensa la acusó del crimen y la sociedad elitista parisina le dio la espalda. Volvió a mezclarse con la escoria de los barrios bajos de París, cantando en locales de poca monta y llevando una vida con dudoso decoro.

Fue en ese momento cuando se topó con el empresario Raymond Asso, su nuevo mentor y también su amante, y la pianista Marguerite Monnot, que le acompañaría durante toda su carrera. En 1946 grabó “La Vie en Rose”, probablemente la gran canción de su vida y su carta de presentación.

Años después conoció en Nueva York al boxeador Marcel Cerdán, de quien se enamoró perdidamente y que falleció un año después en un accidente de avión. Luego de esta nueva tragedia, le escribió “Hymne à l’amour” a su amor perdido.

Su consagración llegó tras la Segunda Guerra Mundial, cuando se convirtió en la musa de poetas e intelectuales del París existencialista y se ganó la admiración incondicional del público.

Convertida en una estrella internacional en los ‘50, se casó con el cantante Jacques Pills y tuvo aventuras con Charles Aznavour y Georges Moustaki, mientras insistía con las desintoxicaciones para salir de su adicción a la morfina.

Entre las muchas canciones que popularizó se resaltan “Mon légionnaire”, “Je ne regrette rien”, “La vie en rose”, “Les amants de Paris”, “Hymne a l’amour”, “Mon dieu” y “Milord”.

También actuó en películas, como “French-can can” y “ Étoile sans lumière”, entre otras, y en los últimos años de su vida escribió una autobiografía con el título de “Au bal du chance”.

Su diminuto y delicado cuerpo (medía sólo 1,47) golpeado por su agitada vida, comenzó a sentir los golpes y en 1960 los médicos le pidieron que deje los escenarios.

De todos modos, el Gorrión de París siguió adelante y en 1961 ofreció un histórico concierto para sacar de la ruina al legendario Teatro Olympia de París.

Poco después se casó con el cantante Théo Sarapo, veinte años más joven, y el 10 de octubre de 1963 falleció en una casa de campo en la localidad mediterránea de Grasse. Tenía sólo 47 años.

Su cuerpo fue trasladado en secreto a París, donde al día siguiente se anunció que había muerto, siguiendo los deseos de Piaf. Acompañado por medio millón de admiradores, su féretro atravesó la capital francesa hasta llegar al cementerio de Père Lachaise, donde descansan sus restos.

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