El Prado reúne las obras de El Bosco

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El museo madrileño inaugura una exposición que aglutina medio centenar creaciones del genial artista holandés.

A propósito del quinto centenario de la muerte de El Bosco, uno de los artistas más enigmáticos del Renacimiento, el Museo del Prado de Madrid presenta a partir del próximo 31 de mayo una gran exposición que fue preparada durante veinte años donde se pueden ver obras maestras como «El jardín de las delicias» o «Las tentaciones de San Antonio».

La muestra aglutina obras procedentes de museos de todo el mundo hasta completar el medio centenar, entre ellas 21 pinturas y 8 dibujos originales del artista holandés, que se podrán ver en la muestra.

La colección del Museo del Prado, la más numerosa y mejor que se conserva del flamenco Jeroen van Aeken, conocido como El Bosco (1450-1516), fue restaurada a lo largo de los últimos años especialmente para esta exposición.

Vida y obra

Hieronymus Bosch, nació en Hertogenbosch, actual cuidad de los Países Bajos y debe su nombre a su lugar de nacimiento, donde al parecer permaneció durante toda su vida.

Fue hijo y nieto de pintores, por lo que su educación tuvo lugar probablemente en el taller familiar, y realizó un matrimonio ventajoso, que le permitió vivir desahogadamente, entregado a su vocación por la pintura, que le reportaría un gran éxito. Poco después de su muerte, personalidades como el Rey Felipe II fueron coleccionistas fervorosos de sus obras, que se hallan repartidas por todo el mundo y de las que existe una excelente muestra en el Museo del Prado.

Aunque se desconoce la cronología de su producción artística, se cree que pertenecen a la primera época sus obras más convencionales, como “El charlatán” o “La crucifixión”. En el centro de su carrera se sitúan sus realizaciones más famosas, una serie de creaciones abarrotadas de figuras, completamente al margen de la iconografía de la época, ambientadas en paisajes imaginarios y repletas de elementos fantásticos y monstruosos, tales como demonios o figuras medio humanas y medio animales, que conviven con figuras diáfanas y paisajes tranquilos y encantadores.

En esta línea también se encuentran los trípticos de “Las tentaciones de San Antonio”, “El carro del heno” y “El jardín de las delicias”, en los que más allá de la fantasía turbulenta y de la dificultosa interpretación de la simbología, triunfan una técnica excelente, fluida y pictórica, y un color brillante, en los que reside buena parte de su belleza.

Después de estas obras magistrales, en las que algunos intérpretes ven la representación de la locura humana, realizó cuadros más tranquilos y positivos, para cerrar su carrera con una serie de obras sobre la “Pasión de Cristo”, en las cuales la figura bondadosa del Salvador aparece rodeada de una muchedumbre de seres deformes y de rostros bestiales.

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