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Por Edgardo Solano

Luis Alberto Spinetta, con sólo 23 años, publicaba hace cuatro décadas el disco que puso patas para arriba a lo hecho en el género en el país. Un repaso por esta obra que se revaloriza con el paso del tiempo.

artaud

Luego de la disolución de Pescado Rabioso, a fines de 1973, Luis Alberto Spinetta editó Artaud, un disco solista que se publicó en realidad como el tercer álbum de la banda que acababa de disgregarse. Ese trabajo intimista realizado por joven de sólo 23 años y que sólo contó con algunas colaboraciones especiales, se transformaría en la obra cumbre del rock argentino y se revalorizaría aún más con el paso del tiempo.

El Flaco aseguró que evitó publicar el disco con su propio nombre porque le parecía “muy pomposo” y además usó la nomenclatura de la banda para enviarle un mensaje a sus antiguos compañeros. “Otra razón fue que les quise demostrar a los ex miembros del grupo que Pescado Rabioso era yo”, sentenció, y con bastante razón, el músico.

La musa inspiradora de Artaud fue, precisamente, la obra de Antonín Artaud, un poeta maldito francés que se hizo más popular en estas pampas luego de la salida de disco. Es más, muy pocos pronunciaban “Artó” en el momento de la salida del álbum y castellanizaban, sin quererlo, el nombre del disco.

“Los dos libros más importantes que tienen que ver con el libro, son Heliogábelo, el anarquista coronado, y Van Gogh, el suicidado por la sociedad”, le contó Spinetta a Eduardo Berti para el libro Crónicas e iluminaciones sobre las obras del poeta francés que lo inspiraron para el disco.

El disco puso patas para arriba lo que se había hecho en casi una década del movimiento rockero en Argentina y esa ruptura incluyó una portada en formato irregular diseñada por Juan Oreste Gatti bajo la idea del propio Spinetta. La posterior reedición en CD le dio el formato cuadrado de rigor, pero al menos conserva el la imagen de la portada original en todos verdes y amarillos y con la imagen del poeta francés.

Al joven Spinetta, se le sumaron en algunos temas de Artaud  integrantes de su círculo próximo, como su hermano Gustavo en batería, y dos viejos compañeros de Almendra, Emilio Del Guercio y Rodolfo García.

El disco vio la luz en un año convulsionado. Durante el ’73 terminaba la autodefinida como la Revolución Argentina con el gobierno de Alejandro Lanusse, el tercer presidente de esa dictadura. La democracia volvía con Héctor Campora, pero luego de la Masacre de Ezeiza se esfumaba esa primavera para que asuma como presidente interino Raúl Lastiri, el yerno del nefasto José López Rega. Finalmente, Juan Domingo Perón pudo presentarse a elecciones para cumplir con su tercer mandato y el menos de feliz todos ellos.

Artaud, en vivo

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La presentación oficial de Artaud se produjo en par de funciones en el Teatro Astral en extraño horario de los domingos por la mañana, una rareza para el  mundo del rock. “Creo que ustedes hecho más por mí que lo que yo hago por ustedes”, le espetó Luis Alberto al público en esas funciones.

En esos conciertos, el Flaco tocó en solitario con su guitarra y antes de que salga a escena se proyectaron fragmentos de El gabinete del Doctor Caligari, de Robert Wiene, y de El perro andaluz, de Luis Buñuel, dos gemas de cine mudo, mientras de fondo sonaba  “El lado escuro de la luna”, de Pink Floyd. Además, a cada espectador se le entregó el manifiesto “Rock: música dura, la suicidada por la sociedad”, de puño y letra del propio Spinetta.

La grabación de esas presentaciones circulan en la web y también en CD en una respetable edición pirata. Además de varios temas de Artaud, sonaron Jilguero, Dedos de mimbre y Barro tal vez, los tres grabados muchos años después.

Tema por tema

Todas las hojas son del viento: la protagonista del tema es Cristina Bustamante, la misma de Muchacha y el Blues de Cris. La antigua pareja de Spinetta estaba embarazada de otro hombre y dudada sobre tener o no a ese hijo, al que finalmente tuvo. De esa conversación entre ambos, surgió el tema.

Cementerio Club: “Justo que pensaba en vos nena, caí muerto”, cantaba Luis en clave de blues y con su hermano Gustavo en bateria y Emilio del Guercio en Bajo.

Por: El propio Luis aseguró que este tema responde a “una lógica surrealista” por está integrada por palabras sueltas que se ajustan a la melodía. “Árbol, hoja, salto, luz”, son primeras que se escuchan.

Superchería: Con Emilio en bajo y Rodolfo García en batería (o sea el 75 % de Almendra) el Flaco cuestiona esas supersticiones con un letal “eso es lo que mata tu amor”.

La sed verdadera: “Pero la paz en mi nunca la encontrarás”, le cantaba Spinetta a su público  poniendo las cosas en claro. Años después, en “No seas fanática”, tocaría nuevamente el vínculo con sus seguidores.

Cantata de puentes amarillos: Esta suite de 9 minutos está inspirada en las cartas de Vincent Van Gogh le escribiera a su hermano Teo.  El autor del tema aseguró esas epístolas le “despertaron imágenes”, aunque también le hayan despertado otras la Masacre de Ezeiza que acaba de producirse.

Bajan: Una de las gemas del disco. El tema, 20 años después, le llegó a las nuevas generaciones luego de que Gustavo Cerati incluya una hermosa en su disco “Amor amarillo”. Un dato: el ex Soda puso a esta canción como track 7, el mismo que ocupa en Artaud en su reeedición en CD.

A Starosta el idiota: Starosta era una marca de figuritas y también la de unos cucuruchos de helados. “Starosta no es nadie y a la vez somos todos”, aclara el autor de esta canción en la que entremezclan efectos y el yeah, yeah, yeah de Los Beatles.

Las habladurías del mundo: este tema cierra el disco con, nuevamente, las tres cuartas partes de Almendra. Con un punteo Santanero, la canción se refiere con sorna a los comentarios de toda índole que recibe cualquier persona que salta a la popularidad.

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