“Random”, el grato retorno de Charly García

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Por Edgardo Solano

Luego de una largo silencio discográfico, el Bicolor acaba de editar su nuevo álbum de estudio, un trabajo sin altibajos ni baches que lo devuelve a la buena senda.

A casi siete años de llegada a las bateas de “Kill Gil”, Charly García rompe ese prolongado silencio discográfico, al menos de material original, con “Random”, su nuevo trabajo, un álbum de parejo andar de principio a fin y registrado prolija y cuidadosamente en los estudios de grabación.

Para esta nueva aventura, el Bicolor grabó las tomas de la decena de canciones que componen su nuevo disco en  los estudios Cathedral, Los Pájaros (propiedad de Palito Ortega) y el móvil Say No More. Instalado en estas salas, contó con la colaboración de Guillermo “Tato” Vega, los integrantes de Turf Fernando Caloia y Nicolás Ottavianelli y Nelson Pombal.

Este material fue masterizado por Joe Blaney, ingeniero de sonido de renombre internacional que ya trabajó en otros álbumes del Bicolor, y por Ted Jensen, en los Estados Unidos,

García aportó su condición de multiinstrumentista, con sus abundantes teclados, una características en todos los discos de García, guitarras y lúcidas las líneas de bajo. Se suman el aporte del guitarrista chileno Kiuge Hayashida Soiza y de su coterráneo baterista Tonio Silva, ambos integrantes de The Prostitution, la última banda que tuvo el ex Sui Generis.

Las baterías fueron prácticamente monopolizadas por Fernando Samalea, habitual colaborador de Charly desde hace décadas, y es vital el aporte de la gola de Rosario Ortega, para colaborar con la gastada voz  de García, que de todos modos fue tratada hábilmente con efectos.

Además de tocar casi todo, el arte de tapa también es una pintura del propio músico, en donde se puede ver a una extraña figura mujer en una cocina. 

El disco no decae en ninguno de sus tracks y tampoco alguna canción sobresale claramente por sobre el resto, con una instrumentación que se ajusta a lo que pide cada tema, sin extensos solos ni largos momentos instrumentales.

A pesar que hay baladas, rock, pop, toques funkys y guiños beatlescos, todo se amalgama armónicamente bajo el formato de canción clásica de Charly. Además, directamente, o entre líneas, las canciones conducen a otros momentos de la carrera del músico, en especial a los mejores tramos de etapa en solitario y hasta remotamente a sus tiempos de Serú Girán.

“Random” abre con “La máquina de ser feliz”, una canción de medio tiempo que hace acordar en la primera escucha a “Filosofía barata y zapatos de goma”, con un delicado solo de viola para embellecer el corte de difusión del disco. Se levanta el tempo con “Ella Es Tan Kubrick”, un aire de funk con citas cinematográficas por doquier.

Mientras que juego continúa con “Primavera” y sus guitarras  al estilo country y con una letra autorreferencial en tono irónico. “Ahora que estoy rehabilitado, saldré de gira y, otra vez, me encerrarán cuando se acabe, y roben lo que yo gané”, canta el Bicolor, riéndose de sí mismo.

Cierran la primera parte del disco “Rivalidad” con su hipnótico tarereo final y “Otro”, un tema en clave rockera que machaca desde el estribillo al título de la canción.

La balada “Lluvia”, quizá la canción más bonita del álbum, toma vuelo con la voz de Rosario Ortega, que es mucho más que la mera hija de Palito. “Believe”, único tema en ingles de la placa, remite de inmediato Los Beatles y al rock británico de los ’60, demostrando que Charly también puede rockearla.

En “Amigos de Dios”, García echa mano a la ironía para arremeter contra los predicadores que aparecen por la noche en televisión. “Random” llega a su final con la balada “Spector”, que lleva por título el apellido del célebre productor y “Mundo B”, con algunas citas a los Fab Four, en particular con algunas grabaciones tratadas para suenen en reversa.

Es posible que Charly no vuelva a tocar la vara tan alta que él mismo se puso con muchos de sus discos, verdaderas joyas del rock argentino, sin embargo en este álbum remota a una grata prolijidad en un digno disco para volver al ruedo.

El clip de «La máquina de ser feliz»

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