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“La guerrilla que contamos”, de José Luis Alcázar, Juan Carlos Salazar y Humberto Vacaflor, narra hechos poco conocidos de lo ocurrido en Bolivia en octubre de 1967.

En las vísperas de cumplirse 50 años de la muerte del Che Guevara, el próximo 9 de octubre, tres periodistas bolivianos editaron “La guerrilla que contamos: Historia íntima de una cobertura emblemática”, un libro que acopia sus experiencias durante la etapa guerrillera del líder revolucionario en Bolivia en 1967, que ofrece nuevos datos sobre su muerte.

En el libro, que ya fue presentado en La Paz, José Luis Alcázar, Juan Carlos Salazar y Humberto Vacaflor narran detalles no del todo conocidos de los hechos acontecidos en Bolivia, junto con sus experiencias y anécdotas periodísticas cuando eran unos jóvenes corresponsales de guerra.

Los autores, que rondaban los 20 años en 1967, también se refieren al rol de agentes cubanos de la CIA y una foto al francés Regis Debray, que salvó la vida de uno de ellos con una de sus fotografías.

Debray, ex consejero del presidente francés François Mitterrand y autor de varios textos de filosofía, fue detenido el 20 de abril de 1967 en el poblado de Muyupampa, después reunirse con el Che.

Bajo el seudónimo de “Danton”, Debray fue capturado junto al argentino Ciro Bustos, quien trazó precisos dibujos de los guerrilleros, y al periodista chileno-inglés George Andrew Roth.

Por su parte, Vacaflor, que por aquellos día era periodista del diario católico Presencia, recuerda que en Muyupampa estaba su colega fotógrafo Hugo Delgadillo, que tomó casualmente una foto de Debray.

Delgadillo envió el rollo de fotos a La Paz. Demoró más de una semana en llegar y durante ese tiempo, el gobierno del entonces presidente militar René Barrientos anunció la muerte de “tres extranjeros en combate”.

De todos modos, la posterior difusión pública de las fotos de Debray en el diario Presencia derrumbaron esa versión generando una gran campaña por su liberación, en la que participaron el presidente francés Charles de Gaulle, el papa Pablo VI, el filósofo Jean-Paul Sartre y el novelista André Malraux.

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El Che fue capturado herido el 8 de octubre de 1967 y fusilado un día después en La Higuera. Sus restos, enterrados de manera secreta, fueron hallados en 1997 en Vallegrande, un poblado cercano, junto a seis de sus compañeros de lucha.

Debray fue detenido cuando tenía 26 años y condenado a 30 años de cárcel por una corte militar boliviana, aunque recibió una amnistía en 1970.

La muerte el Che fue anunciada por código morse, una de las pocas vías de comunicación, en lo que fue una primicia mundial, por el periodista Alcázar, otro de los autores del libro que por aquel entonces era periodista de la radio católica Fides y redactor de Presencia.

El cuerpo del Che fue trasladado en helicóptero a Vallegrande, donde estaban Alcázar y el cubano Gustavo Villoldo, entonces agente de la CIA, bajo el nombre de ’capitán Eduardo González’, según la obra escrita.

Alcázar relata que juntos se abalanzaron hacia el cadáver del guerrillero, cubierto en una camilla atada al costado de la nave, donde fue testigo de dos hechos llamativos.

“Mientras Villoldo/González levantaban la cobija para ver el rostro y jalarle la barba y decirle ‘por fin has caído!’”, el periodista tocó la mano del Che. “Sentí un escalofrío, un estremecimiento (pues) estaba caliente”.

El mismo Alcázar da cuenta en el libro, que por investigaciones posteriores, se supo que la muerte del Che fue resuelta por el general Barrientos y los comandantes de las FFAA, Alfredo Ovando, y del Estado Mayor, Juan José Torres. Esta información deja afuera la versión de que Estados Unidos presionó para su fusilamiento.

 

 

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