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Por Edgardo Solano

Hace cuatro décadas fallecía “El Rey del Rock & Roll”, un genial artista que se encargó de agitar a la anodina posguerra de los ’50, aunque su estrella se opacó en las décadas siguientes.

Elvis Presley fue uno de los primeros ídolos de masas y la primera estrella de la historia del rock & roll, encargándose de poner patas para arriba a la anodina posguerra con un ritmo furioso y con una inédita energía en escena que revolucionó culturalmente a los ’50.

Este genial artista, que supo combinar como nadie al country de los bancos con el rock y el blues de los negros, fallecía el 16 de agosto de 1977, hace exactamente 40 años y esa muerte temprana, cuando tenía sólo 42 años, acrecentó aún más su leyenda.

Cuando fue encontrado si vida en el baño de su mansión, el “Rey del Rock & Roll” venía de una larga adicción a las pastillas y también a la comida chatarra. Por entonces sufría de diversas enfermedades, como glaucoma, hipertensión arterial, daños en el hígado y megacolon.

Esta futura estrella nació el 8 de enero de 1935 en Tupelo, Mississippi, en una familia obrera dónde no sobraba nada. Su padre era empleado informal, su madre se ganaba la vida como costurera y hasta el propio Elvis comenzó a trabajar de chico para aportar algo de dinero a su hogar.

Elvis quería su primera bicicleta, pero a los diez años sus padres le regalaron una guitarra, que aprendió a tocar en forma autodidacta y a la que pronto comenzó a ejecutar con maestría. Ese regalo, que no era el ansiado, cambió el curso de la cultura de la segunda mitad del Siglo XX.

Ya instalado junto a su familia en Memphis,  precozmente comenzaría su carrera profesional y en forma meteórica llegaría a la fama. Después de haber lanzado “That’s All Right”, en 1954, llegó su primer éxito con “Heartbreak Hotel”, en 1956.

A partir de esa canción, su éxito se disparó en un abrir y cerrar de ojos y este furor se atizaba con las irrupciones televisivas, que lo mostraban en vivo a todos los Estados Unidos en los exitosos programas de Steve Allen y Ed Sullivan, para cautivar a los jóvenes y escandalizar a las pacatas familias conservadoras.

Un joven blanco atractivo de riguroso jopo que cantaba como un negro y sumado su look rebelde de ceñida ropa de cuero, más sus sensuales movimientos pélvicos, lo transformaron en un ídolo de la posguerra en tiempos en que comenzaba la liberación sexual, que explotaría en mayor medida en la década siguiente. Junto con Marilyn Monroe y James Dean fueron los tres ídolos de su tiempos, unidos también por una muerte temprana.

Elvis enamoraba a las señoritas, logrando que muchas de ellas griten a rabiar en sus shows, y también conseguía la admiración de los hombres, mientras que las críticas le caían por doquier por su estética revolucionaria. Además, generaba admiradores en todo el mundo y también una legión de artistas que lo emulaban estéticamente, como el caso de Sandro en la Argentina.

“Hound dog”, “Heartbreak Hotel”, “Jailhouse Rock”, “Blue Suede Shoes”, “Don’t Be Cruel” y “All Shook Up”, entre otros éxitos del primer repertorio de este joven provinciano, siguen siendo aún clásicos imperecederos e inoxidables.

En medio de un éxito arrollador, por consejo de Tom Parker, su mánager, Elvis a fines de los ’50 se enroló en el ejército y la intención de su agente era que mostrarlo como un joven americano más, sin mayores privilegios que el resto.

El chico malo que movía la pelvis, pasó a estar metido en un uniforme verde del Ejercito de los Estados Unidos para cumplir  su servicio militar en la ciudad alemana de Friedberg. La imagen que lo había consagrado se hacía añicos y pasaba a estar más cerca del status quo americano que la rebeldía rockera.

Durante su estancia en el ejército, conoció Priscilla Beaulieu, la hija de 14 años de un soldado, y se casó con ella en 1967. A los nueve meses de la boda nació la hija de ambos, Lisa Marie, pero la pareja se divorció en 1973, porque según su mujer él le dedicaba escaso tiempo a la familia.

El “Coronel” Parker, encargado de manejar su carrera y su vida, se encargó de que Elvis a penas salga de Estados Unidos para presentarse en vivo. De todos modos, su imagen recorrió el globo en una serie de películas que lo tenían como protagonistas y que servían además para promocionar sus canciones.

Los ’60 lo acercaron más a las baladas y lo fueron corriendo del furioso rock & roll de sus principios. Mientras tanto, en Inglaterra se estaba gestando una nueva movida rockera con jóvenes que lo admiraban del otro lado del Atlático, dónde Elvis nunca había ido a tocar.

Los Beatles y Los Rolling Stones, sus admiradores, fueron los grandes protagonistas de la denominada “Invasión Británica” a los Estados Unidos, que se encargaron quitarle la popularidad a sus viejos ídolos.

Estas bandas, y otras de los Estados Unidos, estaban más a tono con los agitados ’60 y con los cambios políticos y sociales que se acercaban, mientras que Elvis actuaban en cuentagotas, principalmente en Las Vegas, y sus movimientos de Pelvis ya no asustaban a nadie.

En los ’70 la estrella su estrella se fue empalideciendo, el rock había cambiando y Elvis había quedado afuera de esa renovación. En esa década, al margen de un show en Hawaii en 1973, transmitido vía satélite por televisión a parte de del mundo, poco se supo de él.

En los últimos años de su vida Elvis había subido mucho de peso, lo que complicaba sus actuaciones en vivo. Además, su deterioro físico se acrecentaba por múltiples adicciones, que complicaban notoriamente su salud para un tipo de edad.

En junio de 1977 brindó su último concierto ante casi 20 mil personas en Indianápolis y la crítica no tuvo piedad de él. Su última canción la grabó en el “Jungle Room” de su mansión de Graceland con el título de “Way Down” (“Cuesta abajo”) y murió pocos días después.

Elvis fue el gran conquistador de su época y su agitado reinado duró poco y luego sus propios admiradores tomaron la posta. De todos modos, sus canciones y su estética serán por siempre el reflejo de una época, que él mismo se encargó de revolucionar.

“Hound Dog”

 

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