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Por Edgardo Solano

Gustavo Di Leo, el director de esta compañía nacida en 1988, explica porqué eligen salir a “rascar por los barrios” en lugar de esperar a los espectadores, y el motivo por el que representan obras de autores de las márgenes del Plata sin caer en patriotismos.

Negro
“El concepto que tenemos es ir donde está el público, esa es nuestra filosofía de laburo que viene del teatro y del circo criollo. Nosotros trabajamos donde se puede”, explica, a modo de declaración de principios, Gustavo Di Leo, el director de Negro y Plata Teatro.

Esta compañía de producción teatral creada en 1988 se autogestiona con el concepto artístico de concretar un repertorio representativo de la cultura rioplatense y sacarlo a escena en espacios convencionales o alternativos.

“No buscamos un público especializado, el teatro está en la memoria de todos. El teatro lo entiende todo aquel que esté sentado en una butaca, el lenguaje que maneja es  una convención cultural, como ocurre con el de la música. Todos nos expresamos a través de lo dramático”, explica el director.

Di Leo comenzó como director y luego también se animó a actuar, poniendo de cabeza el recorrido habitual. Su amor por el teatro nació a los 16 años y mientras le preguntaban “¿Y de qué vas a vivir”?, siguió adelante con su vocación y la mantiene intacta en sus actuales 60 abriles.

 

No soy de aquí, ni soy de allá

Di Leo echa por tierra el snobismo que sobrevuela la actividad teatral y va en procura de aquel espectador potencial. “La base del teatro es el juego, es algo inherente al ser humano. En el teatro hay que sentarse y disfrutar, queremos recuperar a ese público que no tiene al teatro como opción imprescindible”, acota.

Esta decisión de la compañía, de ir en busca de los espectadores y esperarlos cómodamente, la tomaron del andar que tuvo el “Zorzal Criollo” por todos los pueblos y escenarios. “Es el camino de Gardel que actuó en todos lados, en todas partes alguien recuerda que estuvo ahí, es el camino ejemplar de ir a la gente, de acercarse”, señala.

Este traginar de Negro y Plata por el Conurbano y el interior bonaerense y por la Ciudad de Buenos Aires es un mandato que heredaron del circo criollo, que no dejaba pueblo sin visitar. “El mercado te impone que te quedés en el centro, pero a nosotros nos gusta salir a rascar por los barrios. Ese es nuestro camino filosófico”, sentencia con convicción este artista de Temperley.

El legado errante lo heredó de Carlos Carella, quien se ganaba la vida en la costa en tiempos de censura, y hasta de Darío Vittori, quien a bordo de una camioneta recorría durante meses las rutas argentinas con el elenco y el decorado a bordo. “Al actor de raza le gusta estar de visitante, es un desafío y tiene otra adrenalina”, comenta.

Di Leo tuvo sus propios espacios como base de operaciones, pero las ocupaciones burocráticas hicieron que finalmente desista de echar raíces en un sitio y tiene su propia explicación a respecto: “Un actor que tiene un teatro es como un marinero que tiene  un puerto, te quedás anclado en un lugar. Yo prefiero navegar.”

La compañía Negro y Plata eligió el largo y sinuoso camino de la autogestión para llevar a delante sus proyectos, buscando armonizar la economía del grupo con la calidad artística de las obras que sacaron a escena.

“La diferencia entre ser independiente y autogestivo, es que cuando sos independiente te ganás la vida en otro lado y no te tenés que ganar los porotos. Son tres patas las que tenés que equilibrar:  lo político, lo económico y el lucro, no podés desdeñar lo comercial por caer en lo estetizante, ni pensar sólo en el lucro y hacer cualquier cosa. Ese equilibrio es un esfuerzo permanente”, describe.

 

Navegando en el Río de la Plata 

“Somos rioplatenses, como hay otras culturas. Tenemos una visión de del ser humano como rioplatenses y es algo que tenemos que explorarlo. No somos un grupo de recreación de cosas antiguas, también hacemos obras nuevas”, afirma este director teatral sobre las obras que la compañía sube a las tablas, que van desde obras tradicionales, como las de Alberto Vacarezza y de los hermanos Discépolo, a otras más contemporáneas  como “El reñidero”, de Sergio De Cecco, y las de nuevos autores.

El director advierte que esta elección del repertorio de Negro y Plata no es por “patriotismo” o “nacionalismo”. “Para nosotros es una opción, para qué esforzarnos en hacer una obra de Arthur Miller o Tennessee Williams, si lo tenemos a ‘El conventillo de la Paloma’ , de Vacarezza,  que nos es más propio”, sostiene.

“Tenemos la teoría de que el teatro rioplatense es la vertiente teatral de la cultura del tango, pero con una poética teatral. Tiene la universalidad del tango, por eso es que le gusta a un alemán y a un japonés”, cierra.

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