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Por Edgardo Solano

La imagen de la portada del álbum fue tomada el 8 agosto de 1969 y se transformó en un ícono pop y en objeto de extrañas interpretaciones.


Al margen de su música, Los Beatles también dejaron un legado incorrosible en las portadas de algunos de sus álbumes, como la de “Abbey Road”, que se transformó en un ícono de la cultura popular y generó los mitos urbanos más disparatados.

La imagen de los cuatro integrantes de la banda de Liverpool fue retratada hace 50 años, en la mañana del 8 de agosto de 1969, en la esquina de las calles Abbey Road y Garden Road, en el calmo barrio londinense de St. John’s Wood.

Los Fab Four, sin demasiada producción, fueron tratados por el fotógrafo Ian McMillan para imagen de la portada del disco que estaban registrando en esos días en los estudios EMI.

Esa simple sesión realizada hace 50 años, sin demasiada producción, y como última instancia tras descartar distintas ideas, no sólo iba a ser una de las últimas imágenes de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr como grupo, sino que además se iba a convertir en una de las imágenes más famosas de la cultura pop.

La imagen fue parodia en un sinnúmero de oportunidades por otras bandas y también los simples visitantes de esa esquina que se no pierden la oportunidad de sacarse una foto con el paso de cebra, que se trasformó en un ícono pop.

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Esa foto, ya plasmada en la portada del álbum, fue objeto de teorías disparatadas sobre los mensajes encriptados que supuestamente contenía.

Todo comenzó con el falso rumor que circulaba por entonces sobre la supuesta muerte de Paul McCartney y su reemplazo por un doble para esa instantánea.

Siguiendo con esa particular lectura de los hechos, los Fab Four retrataban a la perfección la imagen del sepelio del zurdo bajista.

El doble de Paul iba descalzo, como para dar una señal que era el fallecido homenajeado y la patente del automóvil Wolkswagen que podía verse de fondo, que rezaba «28 IF», daba cuenta de la edad del fallecido en caso de que estuviera vivo.

El hecho de que el falso Paul llevara un cigarrillo en su mano derecha, cuando su mano hábil era la izquierda,  era la prueba que rubricaba que no era el músico el fotografiado.

Además, estas disparatadas teorías conspirativas indicaban que John Lennon era el sacerdote por su atuendo blanco, que George Harrison era el sepulturero por su look informal y que el Ringo Starr era el empelado de la funeraria por estar vestido con traje negro.

El diseñador Tommy Nutter fue el responsable de la indumentaria que lucieron en la foto, salvo en la de George optó por lucir sus propios jeans.

A contramano del furor provocado, la sesión de fotos prolongó sólo por unos minutos y se realizaron menos de una decena de retratos, a raíz del intenso tránsito que caracteriza a esa zona, por lo que la tarea del policía que lo detenía no podía extenderse por mucho tiempo.

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Las fotos se tomaron a finales de la grabación del tema «Here comes the sun», de George Harrison, uno de los temas más bonitos del disco.

El diseño de la portada fue una idea del artista John Kosh, director creativo del sello Apple Records, luego de que se decidiera llamar al álbum  con el nombre la calle en donde se emplazaban los estudios de EMI.

La idea partió desde que se descarte llamar al disco «Everest», por la marca de cigarrillos que fumaba el ingeniero de sonido Geoff Emerick, y de viajar al Himalaya para tomar la foto para ilustrar la portada.

Además de los Fab Four, aparece en la imagen un tal Paul Cole, un turista estadounidense que casualmente caminaba por la zona y que se enteró que había parte de la foto cuando el álbum llegó a las disquerías.

Después de aparecer el auto meses más tarde en la portada del álbum, su matrícula (LMW 281F) fue robada por parte de los fans. En 1986, el coche fue vendido en subasta por 2530 libras esterlinas, y en 2001, fue mostrado en un museo de Alemania.

Con menos prensa que la portada, la contraportada del LP mostraba la placa con el nombre de la calle donde se habían realizado las fotografías, y que llegaría a desaparecer con el tiempo de aquel lugar en la muralla.

“Abbey Road” tuvo una portada realizada por escasa producción y resulta en menos que canta un gallo, de todos modos es una de las emblemáticas de Los Beatles junto con la elaborada de tapa de “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, también parodiada en incontadas ocasiones.

 

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