Un recorrido y una mirada por la vida agitada de este genial saxofonista de jazz y uno de los creadores del bebop, que falleció precozmente a los 34 años.

A Charlie Parker le alcanzaron 34 años para treparse al Olimpo del jazz y causar una verdadera revolución desde el sonido de su saxo alto, aunque también su vida fue tortuosa a causa de los excesos que lo llevaron precozmente a la muerte.
Hace 60 años, el 12 de marzo de 1955, moría este genial músico de jazz, que había nacido en Kansas City el 29 de agosto de 1920, en una ciudad que tenía como propia banda sonido al gospel, el blues y el jazz.
En su vertiginosa vida, “Bird” recibió a los 11 años, gracias al esfuerzo de su madre, un saxo alto para levantarle el ánimo luego de que su padre abandonara la casa familiar. También a la edad que tuvo su primer instrumento, ya estaba fumando marihuana y a los 15 se casó y por primera vez empezó a consumir heroína.
Su vida estuvo signada por toda clase de contratiempos, tanto por la dependencia de las drogas y el alcohol como de índole mental, que obligaron a que debe internarse en el Camarillo State Hospital.
En el ámbito musical, junto con Dizzy Gillespie, Parker puso patas para arriba el jazz y le dio un ritmo mucho más sincopado e improvisado que dio el relevo al encorsetado swing. Ese sonido se transformó en el bebop, caracterizado por la velocidad de sus tempos y la experimentación armónica.
En 1945, el sello Savoy empezó a publicar las primeras obras enmarcadas en ese estilo, que rápidamente contagió a muchos otros jazzeros, y que al poco trascendió su condición estrictamente musical para convertirse en elemento canalizador de una reafirmación generalizada de la cultura negra en Estados Unidos.
En 1953, Parker formó parte del quinteto integrado por Gillespie, Charles Mingus, Bud Powell y Max Roach. Maestro, entre otros de Miles Davis, es autor de varios temas que se convirtieron en estándares del jazz, como “Anthropology”, “Ornithology”, “Scrapple from the Apple”, “Ko Ko”, “Now’s the Time” y “Parker’s Mood”.
“Bird” vivió rápida y peligrosamente. No fue el caso de estrella consumida por su propia fama, sino estrella cuyo talento se impuso pese a su tendencia prematura, casi desde la pubertad, a la autodestrucción.
Su nombre está junto con el de Louis Armstrong, Miles Davies o Duke Ellington en la elite del jazz, con la diferencia de que él vivió casi la mitad de años que los demás mencionados.
Su obra todavía inspiró a Clint Eastwood para película “Bird”, donde fue interpretado por Forest Whitacker, a Julio Cortázar para su cuento “El Perseguidor” y a Thomas Pynchon en un fragmento de su novela “El Arco Iris de Gravedad”.
Charlie Parker murió en el Standhope Hotel de Nueva York. Cuando hicieron la autopsia el informe señaló que padecía neumonía, úlcera y un avanzado estado de cirrosis, rematado todo ello con un ataque al corazón. El médico forense, que no sabía que quien se trataba, describió ese cuerpo inerte como el de un hombre de unos cincuenta o sesenta años, muchos más de los escasos 34 años que tenía.



