La bella actriz sueca fue una estrella de los años ’30, en la irrupción del cine sonoro, y su precoz retiro a los 36 años y el hermetismo de su vida privada acrecentaron su propia leyenda.

Greta Garbo falleció a los 84 años en Nueva York hace 25 años, el 15 de abril de 1990, y su mito no para de acrecentarse por su rápido retiro del mundo del espectáculo a los 36 años, por su perfil bajísimo, por las preguntas sin responder que quedaron su vida privada y por su conducta huidiza de la prensa y de los paparazzis.
En la Metro Goldwyn Mayer la actriz sueca fue la icónica cara de muchas de las películas románticas más memorables de la década de los ´30, como “Grand Hotel”, “La reina Cristina de Suecia”, “El velo pintado”, “Anna Karenina”, “La dama de las camelias” o “Ninotchka”.
Como en “La mujer divina” (1928), el film del que sólo se conserva un fragmento de nueve minutos y que la bautizó con el mote que la perseguiría hasta su muerte (“La mujer que no ríe”), Greta solía encarnar el sufrimiento, en este caso al interpretar a una mujer desencantada con la vida que se veía impulsada hacia un inesperado y desatinado amor.
Luego de haberse consolidado su carrera en el cine mudo, el descubrimiento de su voz grave tras rodar su primera película sonora, “Anna Christie”, llegó en un abrir y cerrar de ojos al estrellato.
Sus geniales interpretaciones la llevaron a obtener tres nominaciones al Oscar, aunque nunca pudo alzarse con una estatuilla, como también les sucedió a otras grandes como Rita Hayworth, Marilyn Monroe o Marlene Dietrich. Hollywood se acordó de ella un poco tarde y le entregó un Oscar en reconocimiento a su carrera, en 1954, el que la actriz nunca fue a buscar.
La vida de la Garbo, eternamente llamada la “Esfinge sueca” o “La Divina” por la belleza de su rostro, posterior a su carrera cinematográfica, estuvo caracterizada por un hermetismo que, paradójicamente, acabaría por echar más leña al fuego de propia leyenda.
Luego de su precoz retiro a los 36 años, producido quizá por el tibio recibimiento de sus últimas películas y por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, permaneció recluida y su vida estuvo rodeada de un halo de misterio y de múltiples interrogantes que jamás respondió.
Precisamente su enigmático comportamiento y su soltería dieron motivo a múltiples rumores en los medios sobre su bisexualidad. Entre los comentarios de la prensa rosa, señalaron que fue la amante de la actriz mexicana Dolores del Río y de la escritora hispano-estadounidense Mercedes de Acosta, con quien mantuvo 28 años de amistad y correspondencia por doquier que quedó como un legado después de la muerte de Mercedes en 1968.
Greta Garbo, nacida el 18 de septiembre de 1905 como Greta Lovisa Gustafsson en los suburbios de Estocolmo, llegó al a la pantalla grande por casualidad. Debido la muerte de su padre tuvo que abandonar los estudios y, cuando tenía solo catorce años, y buscó trabajo en unos grandes almacenes. Allí descubrieron la belleza de su rostro y la utilizaron como cara de sus campañas publicitarias.
Su belleza exquisita (alguien arriesgó que un rostro como el suyo solo aparece una vez cada mil años) la ayudó a participar en dos cortos y dos largometrajes entre 1920 y 1922, pero no fue hasta 1924 cuando dio el salto a Hollywood tras ser captada por la lente del famoso director finlandés Mauritz Stiller.



