Por Edgardo Solano
La dupla de directores Nicolás Iacouzzi y Pablo Chehebar toma desde lo biológico, lo social y lo cultural la problemática que generó la inclusión de este animal en la isla de Tierra del Fuego.

“Castores – La Invasión del Fin del Mundo” narra, en formato de documental, uno de los intentos más ingenuos del hombre por querer alterar los ecosistemas en su beneficio a través de la inclusión de una especie exótica.
Todo comenzó en 1940, cuando veinte castores canadienses fueron introducidos en la isla de Tierra del Fuego, al sur de Argentina y Chile, para el posterior desarrollo de la industria peletera en la región.
Aquel proyecto naufragó y el castor, sin depredadores naturales a la vista, se expandió en un abrir y cerrar de ojos como plaga por otras islas de la región alcanzando una población de uno 150 mil individuos. Este fenómeno generó la destrucción a mansalva de arboles y especies locales, amenazando todos los bosques y lagos de la Patagonia.
La película, que se estrena en el en el Espacio INCAA km 0 Gaumont de Buenos Aires, se presentó en los festivales de Recontres Cinelatino de Tolouse, Francia, 2015 ; FICMA- Tierra del Fuego, 2015 ; muestra de Cine en grande 2015.
Bajo la lente de los directores Nicolás Iacouzzi y Pablo Chehebar se trata esta particular circunstancia, aunque no sólo enfocada desde el propio castor, sino también desde lo cultural, social y económico sobre la llegada de este animal a uno de los enclaves más australes del mundo.

“El proyecto surgió de las ganas de hacer un documental biológico. Tenías varios temas, un biólogo amigo nos dio su opinión de diez problemas que veía y uno era el de las especias invasoras, nos encontramos con la historia de castor, pero hay varias especies más. Nos parecía súper fuerte lo que pasó durante estos años con el castor”, le comenta a Crónicas y versiones Pablo Chehebar.
Para el realizador, la problemática de la llegada del castor a Tierra del Fuego tiene varias miradas que van más allá del propio animal. “Descubrimos, o al menos lo intentamos, que este es un problema muy complejo y con muchas aristas, no se lo pude mirar de un solo lado. El problema lo tomamos desde lo biológico, desde los social y desde lo cultural, de todos lados. No quisimos hacer la familia del castor, tomamos al animal desde otro lado”, acota.
“Castores – La Invasión del Fin del Mundo” es el primer documental de esta dupla de directores, quienes ya mostraron sus credenciales estando detrás de las cámaras en un tendal de comerciales y series televisivas.
El documental es una combinación de imágenes sorprendentes, fanfarria militar, films de época, cocina, animaciones y entrevistas extravagantes. El castor, no sin humor, es observado en todas sus perceptivas.
Mientras el simpático y dientudo animal hace de las suyas, los conservacionistas de la vida salvaje están convencidos de que hay que eliminar a los 150 mil ejemplares sin perder más tiempo, mientras qué algunos de los mas reconocidos especialistas en esta especie están persuadidos de que la erradicación es una quimera y se oponen a la matanza de estos animales.
“Hay científicos que buscan soluciones y actividades comerciales que aprovechan al animal por la piel y el turismo, son contradicciones que nos pintan como sociedad. Se intenta luchar por otro lado, mientras que el otro se ofrece que al turismo a que vengan a ver a los castores y se intenta vender su carne. También pasan otras cosas, como los nacidos y criados en Tierra del Fuego en los 60 años, conviven con el castor”, agrega el realizador los distintos intereses sobre esta especie propia del hemisferio norte.
A propósito de las afirmaciones de Chehebar, en Tierra del Fuego el turismo le saca el jugo a los castores, al punto de que un hombre vestido de este animal raparte volantes promocionando uno de los mas famosos centros de esquí (el Cerro Castor), mientras que por otro lado los cazadores reclaman subsidios cancelados, los científicos investigan sin cesar, los guarda-parques hacen lo que pueden y los restaurantes intentan ofrecen la carne de castor en sus menúes.
Ante esta lucha de intereses, el documental tiene un mensaje claro. “Intentamos mostrar la visión de hoy 2015, con el diario del lunes. Lo que más intentamos fue no bajar línea, contar el problema con todas sus aristas con la intención de que el espectador se quede pensado”, cierra el director.



