Escuchando a Luis Alberto Spinetta

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Por Edgardo Solano

A cuatro años de la muerte de este genial artista, una mirada por su frondosa discografía, la que sigue sonando tan vigente como cuando se grabó originalmente.

 

Más allá de los múltiples homenajes a Luis Alberto Spinetta que se multiplican por doquier, algunos a la altura de las circunstancias y otros que no son gran cosa, quizá la mejor forma de honrarlo sea a través de la escucha de su propia obra original.

A cuatro de su muerte, la música del Flaco suena como recién grabada, como sin que aquellas canciones, inclusive las más añejas, no acusaran el mínimo atisbo de un color sepia o haberse oxidado o corroído por el inexorable paso del tiempo. Esa frondosa obra no sabe a anacrónica, sigue estando tan fresca como entonces y hasta superando a su tiempo.

Ese homenaje (o como se lo guste en llamar) más personal y menos estruendoso, es también un reencuentro con la estética de un autor y un compositor exquisito, que supo mantener la vara elevadísima a lo largo de sus cuarenta discos, incluyendo a sus distintas bandas y sus aventuras en solitario.

Luis Alberto supo ser un precoz poeta mientras salía de la adolescencia en las primeras composiciones de Almendra, coqueteando con aires porteños e influencias de Los Beatles, de jazz y del folklore argentino. Ese álbum del payaso, con su lágrima y su sopapa, es el Spinetta casi virginal y una obra cumbre plagada de candor.

Con una ópera rock que inconclusa y que pudo haber sido nuestro “Tommy”, la banda se puso más densa y poderosa en el segundo disco doble, al que no está nada mal escuchar de pe a pa, sin trampearse a sí mismo saltando tracks, incluso en los temas que no llevan la firma de Spinetta.

Los cuatro del Bajo Belgrano volvieron al ruedo después de una década y, ya creciditos, dejaron constancia de ese revival con un disco en vivo, con clásicos y nuevos temas, otro de estudios, que merece desempolvarse más seguido.

Luego de “Spinettalandia”, un disco “hecho mal a propósito” y por motivos contractuales, hoy una suerte de joyita medio perdida, Luis de puso duro en serio en y abrió su etapa de Pescado Rabioso con un “Cansado”, en el “Blues de Cris”. El poderoso “Desatormentándonos” se pasa demasiado rápido por su mediana extensión, que se amplía con los Bonnus de la ediciones posteriores. “Pescado 2” merece una escucha íntegra, inclusive con misceláneas, como “Señorita”.

“Artaud” puede escucharse hasta el hartazgo, porque la obra cumbre del rock en castellano no tiene una gota de desperdicio y es el primer peldaño del Spinetta solista, que creo este álbum es soledad y lo grabó por algunas colaboraciones. Haciendo un salto temporal, reincidió en solitario en “A 18’ del sol”, un disco con aires de jazz rock y poco escuchado, que el tiempo está poniendo en su lugar. También para romper la cronología, “Kamikaze”, una suerte de tardía segunda parte de “Artaud” es una gema para darle play una y mil veces.

Quien se dignó a ponerse a escuchar el disco debut de Invisible, con los Bunnus de las reediciones hechas a posteriori, es posible que quede encandilado para seguir con el conceptual “Durazno sangrando” y completar la faena con “El jardín de los presentes”, con el grupo ya convertido en cuarteto.

La etapa jazzera de Jade invita a escuchar los cuatro discos, uno detrás del otro, para apreciar la evolución y los cambios de esa banda por la pasaron brillantes instrumentistas. Se le puede adosar el injustamente poco recordado “Mondo di cromo”.

La obra del Spinetta definitivamente solista, salvo por el dueto con Fito Páez y por Los Socios del Desierto, es del mismo nivel artístico que lo que produjo junto a su bandas anteriores, a pesar de algunos se hayan quedado anclados en los viejos clásicos. Ese Luis Alberto buceo en distintos matices y sonoridades junto a músicos de lujo y se cerró su discografía con “Pan” y “Un mañana”, dos joyas que marcan la vigencia de un artista que llevaba más de cuatro décadas en los escenarios. Todo esto se completa con “Los Amigo”, esa grata sorpresa que terminó, o no, de cerrar su obra en forma póstuma y además del material en vivo de mega recital de “Las Bandas Eternas”.

Discos malditos y perdidos, otros convertidos en clásicos del rock en castellano y algunos hasta subestimados injustamente, esta obra convida a nuevas escuchas, con las que seguro se encontrará una nueva vuelta con respecto a los que dejó el “play” anterior.

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