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Se trata de una historia de amor y tango desarrollada alrededor de famosos títulos del repertorio popular con dirección de Virginia Lombardo.

 

«Muñeca brava», un clásico de la dramaturgia rioplatense del recordado Carlos Pais, historia de amor y tango desarrollada alrededor de famosos títulos del repertorio popular, sale a escena los sábados a las 20,30  en Espacio Tromvarte, la sala ubica en Santa Rosa 5174, barrio de Palermo, los sábados a las 20.30.

Con dirección de Virginia Lombardo, actúan Gabriela Groppa, Gustavo Castellanos y César Lago, con Clara Stern en bandoneón, con música de Mariano Cossa y un tango de Ángeles Vélez, escenografía y vestuario de Federico Muñoz, arte digital de Alejandra Eisele y asistencia de dirección de Antonella Fagetti.

Situada en los años 70 en una Buenos Aires glamorosa y empobrecida, en escena hay una música, desgranando las notas de un bandoneón mientras los personajes aman, sufren, gozan, cantan y bailan a su compás.

“Muñeca brava”, descubre que el amor puede aparecer fracturado y que el aparente machismo del tango se quiebra por amor, comprensión y bondad.

El lugar que pone la pieza a la mujer está acorde con esta esperada y conquistada ola de libertad en el mundo femenino-masculino, ying-yang, equilibrio de la naturaleza tan deseado y tan soñado.

En “Muñeca brava” deviene la modernidad, nuestros tres personajes aman a sus objetos de amor  más de lo que se aman a sí mismos.

El relato  está lleno de poesía y de sabiduría. Los personajes se corren de la normalidad y apuestan a concretar sus deseos. La fantasía se hace realidad. De las mejores moralejas del teatro argentino.

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“Muñeca brava” es una historia de amor y tango. Está llena de música y letra de tangos conocidos y populares. Sus cuatro protagonistas son bien icónicos del ser nacional.

Fortunato un profesor de tango desempleado y pasional, bailarín y amante ardoroso, fiel a sus creencias, loco de amor por su mujer y por su profesión.

Tito es un pescadero, trabaja en el mercado y está lleno de poesía y sueños. Un enamorado del amor en su forma más pura: el amor platónico.  Poeta romántico si los hay, dispuesto a todo a cambio de nada.

Caserón de tejas es un gato, no aparece en escena pero sus ruiditos constantes acompañan la acción y es un fiel testigo y un interlocutor ideal para cada situación.

Rosa es la mujer que todas queremos ser, la mujer inteligente e ideal, una “Doña Flor” argentina con sus “dos maridos” rendidos a sus pies.  Sigue sus instintos y sentimientos consiguiendo lo que se propone a fuerza de amor, pasión y razón.

El encuentro de estos queribles personajes, inundados por el abrazo del tango,  van entrelazando situaciones que nos muestran los vaivenes del devenir amoroso, de un triángulo completamente distinto a los demás, un triángulo con cartas abiertas, permisos y aceptación.

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