Share Button

Por Edgardo Solano

Sus reflexiones y frases y algunas detenciones en la vida y la obra del genial escritor argentino, integrante clave del boom de la literatura latinoamericana, al cumplirse el primer siglo de su natalicio.

Julio-Cortazar

“Mi nacimiento fue sumamente bélico, lo cual dio como resultado a uno de los hombres más pacifistas en el planeta”, aseguró Julio Cortazar que llegó a este mundo el 26 de agosto de 1914, hace exactamente un siglo, en Bruselas, mientras las tropas alemanas copaban la capital belga.

Luego de un par de escalas europeas, a los cuatro años el pequeño Julio junto a María Herminia Descotte, su madre, y Ofelia, su única hermana un año menor que él, se instaló en una casa con “con fondo” de Banfield, donde vivió hasta los 17 años.

Ese niño de salud quebradiza salía poco y nada al sol y prefería devorar los libros de sus autores favoritos, aunque los médicos le insistían a su familia para que abandone su cuarto para que mantenga más contacto con el afuera.

Mis dos primeras grandes influencias fueron Julio Verne y Edgar Allan Poe. Verne me daba por la vía de la lectura todo el contexto de la riqueza planetaria que no teníamos en Buenos Aires”, señaló sobre esas precoces lecturas que realizó en el sur del Conurbano.

Mientras leía vorazmente, también trazó sus primeras líneas con sólo 8 años. “Pasé mi infancia en una bruma de duendes, de elfos, con un sentido del espacio y del tiempo diferente al de los demás”, recordó en una oportunidad.

El futuro referente del boom de la literatura latinioamericana se graduó como Licenciado en letras y maestro de escuela. También dejó las calles empedradas de Banfield para trabajar como maestro rural en varios pueblos del Interior de la Argentina.

En 1938, bajo el seudónimo Jorge Denis, publicó su primer libro, “Presencia”, de sonetos “muy mallarmeanos”, según él mismo los calificara. En 1949 se publica su poema dramática, “Los Reyes”.

En 1944 obtuvo un puesto de profesor en la Universidad de Cuyo, donde participó activamente en manifestaciones contra el naciente fenómeno del peronismo. Cuando el general Juan D. Perón ganó las elecciones, abandonó el cargo universitario para no ser despedido y volvió a Buenos Aires, donde trabajó en la Cámara Argentina del Libro.

Su primer cuento, “Casa Tomada”, fue publicado en 1946 un periódico literario llamado Anales de Buenos Aires, por iniciativa de su director responsable, Jorge Luis Borges.

Por aquella época, Borges reconoció que no conocía bien la obra de Cortázar, “pero lo poco que conozco de ella me parece admirable y me siento orgulloso de haber sido el primero en publicar una obra suya. Siendo yo editor de una revista llamada Anales de Buenos Aires, recuerdo la visita de un joven alto que se presentó en mi oficina y me tendió un manuscrito; le dije que lo leería y que volviera al cabo de una semana. La historia se titulaba ‘Casa Tomada’; le dije que era excelente, mi hermana Mora la ilustró”.

Jorge Luis Borges representaba la línea de una literatura en su ramificación más genial y más alta y al mismo tiempo leía a Roberto Arlt que es la sumersión en lo más profundo de la ciudad (…) Si Borges me dio una gran lección de rigor de escritura y me mostró el camino de un estilo, Arlt me mostró el camino de una literatura de contacto directo con una ciudad, como Buenos Aires”, dijo sobre los autores que influyeron en su estilo y sobre quien fuera su primer editor.

En 1951, Cortázar publica “Bestiario”, su primera gran obra narrativa, donde surgía el autor de la fantasía desbordante, creador de nuevos mundos destinados a albergar su obra futura. “Yo estaba completamente seguro de que todas las cosas que iba guardando, digamos desde 1947, eran buenas, algunas incluso muy buenas, como ciertas historias de ‘Bestiario’. Sabía que nadie antes de mí había publicado cuentos como aquéllos en español, al menos en mi país. Existían otras cosas, como los admirables relatos de Borges, pero lo que yo hacía era diferente”, comentaría años más tarde sobre este libro.

Poco después de la publicación de “Bestiario”, el ya maduro Cortázar abandona la Argentina para radicarse en París, donde trabajaría como traductor en la ONU. En 1960, publicó su primera novela, “Los Premios”. En 1962, aparece “Rayuela”, destinado a convertirse en el primer gran éxito internacional del boom de la literatura latinoamericana de esa década.

“Rayuela significó una fuente continua de sorpresas. Siempre me ha parecido que un libro cumple un ciclo. Si es un buen libro despierta entusiasmo y luego el libro entra en un limbo que ya tiene su lugar en la memoria. En el caso de ‘Rayuela’, vengo a descubrir que las nuevas ediciones siguen siendo leidas por los jóvenes. Eso es una fuente de maravilla, de asombro, porque cuando escribí ‘Rayuela’, jamás pensé que los lectores serían jóvenes”, dijo sobre su obra cumbre.

El escritor tenía su propia visión de la literatura latinoamericana, un movimiento del que fue una pieza clave a partir de los ’60. “La literatura latinoamericana se interroga profundamente sobre una respuesta que no ha sido contestada ‘¿Qué es un latinoamericano?’. Una pregunta que no se ha contestado porque nuestra nueva literatura es muy joven. La búsqueda de los problemas de identidad debe ser un proceso muy lento y penoso en que las respuestas son múltiples”, señaló.

En los convulsionados ‘60 se incorpora a la vida política, inicialmente como defensor de la Revolución Cubana y, en la década siguiente, para manifestar su repudio sobre las dictaduras que se apoderan de gran parte de América latina.

Destacado más por su trabajo en prosa, por sus cuantos y novelas, también publicó poesías, ensayos y artículos. Además, su obra sigue siendo analizada y estudiada y se siguen publicando libros sobre el abordaje de su pluma.

Se casó en tres oportunidades, aunque nunca tuvo hijos, manifestó en reiteradas ocasiones su pasión por el jazz y por el box. “El boxeo que levanta las muchedumbres es siempre el del boxeador pegador, del tipo que va para adelante y a pura fuerza consigue ganar. A mí eso siempre me interesó muy poco, y lo que me fascinó siempre, fue ver a uno de esos boxeadores enfrentado con un maestro que, simplemente con un juego negativo de esquives y de habilidad, conseguía ponerlo en condiciones de inferioridad”, comentó sobre el mundo de los guantes.

“Vine a despedirme de mi madre”, aseguró, ya con su salud quebrantada, Julio Cortázar a los medios en diciembre de 1983, cuando se dejó retratar por Dani Yako, quien tomaría su última imagen en Buenos Aires. Días después, el escritor regresó a París, donde murió a los 69 años el 12 de febrero de 1984, a causa de leucemia.

 

Share Button