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Por Mauricio Amaya

Una mirada sobre este furor surgido de las clases populares y que hoy también se metió en otros estratos sociales. Un género para bailar y para analizarlo.

La cumbia, ese género que invita a bailar sobre todas las cosas, a veces da para ponerse a pensar. Colombiana, romántica, santafecina, villera. La cumbia es preponderantemente popular, y si bien durante las últimas décadas sus condiciones de producción se atribuyeron a las clases sociales bajas, hoy el fenómeno parece extenderse hacia otros estratos, lo que llaman cumbia “pop” o “cheta”.

Desde que Agapornis irrumpió hace unos tres años en radios y en televisón con sus pegadizos cóvers y sus músicos con una estética diferente -a lo que veníamos viendo en grupos de cumbia-, un tendal de bandas se subieron a esta ola, que hoy está en su cresta.

Su procedencia social -surgieron en torno a un club de rugby- y los cóvers de conocidos temas de rock nacional e internacional en versión cumbia caracterizaron a esta banda que calzó justo en la bota de lo que el mercado buscaba.

Frente a la complejidad del género musical cumbia, y todas sus representaciones, el concepto de “cumbia cheta” opera como “novedad”. Los Bonnitos -también vienen del círculo rugbier- y los orientales Vi- Em, Marama y Rombai, son otros referentes de esta cumbia.

Pero Los Totora, ya venían tocando desde antes, y ellos prefieren llamarse “cumbia pop”, despegándose de las connotaciones que tenga el termino “cheto”, producto de ese mecanismo marketinero que todo lo rotula, y en este caso, marcando una dicotomía con la cumbia “villera”.

Las palmas arriba

En rigor, lo que se puede leer de este fenómeno es que ya no son los “bailanteros” surgidos de sectores sociales bajos los hacedores en estas bandas, sino un grupo de chicos de otros sectores -de aquellos sectores que el mercado por lo general posiciona como “modelo a seguir”-. No hay que olvidar que todo producto cultural está cargado de ideología.

Explica el periodista Santiago Puddington, en el diario La Razón: “Es una nueva rama de un tipo de música que empezó a sonar entre los ´80 y ‘90 con la bailanta, que en los 2000 se vio sobrepasada por la “cumbia villera” hasta la aparición de los efímeros Wachiturros. Ahora parece ser el momento de estos nuevos grupos surgidos de la clase media o alta, muy ligados al rugby y cuyos temas atraparon rápidamente”.

Así la cumbia toma nuevos rumbos, y sigue siendo un material para ricos análisis sociológicos.

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