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En esta obra dos actrices que ansían interpretar los personajes de este libro  esperan noticias de su director-dramaturgo, y, mientras aguardan, se cuentan los infortunios cotidianos.

“Yo siempre me soñé novela”, una recreación de la modalidad de escritura de Manuel Puig en “Boquitas Pintadas”, con dramaturgia y dirección de Edgardo Dib y con las actuaciones de Gilda Scarpetta  y Milagros Alarcón sale a escena los jueves a las  20,30 en el Teatro La Lunares, ubicado en Humahuaca 4027, del barrio porteño del  Abasto.

En esta puesta, dos actrices que ansían interpretar los personajes de “Boquitas pintadas”, esperan noticias de su director-dramaturgo, y, mientras aguardan, se cuentan los infortunios cotidianos que transitan en la crianza de sus hijos pequeños.

Finalmente, una carta del director las informa que no ha conseguido los derechos autorales de Puig, por lo cual escribirá una nueva obra titulada “Yo siempre me soñé novela”.

A la vez, les cuenta que él no podrá estar presente ya que otros trabajos lo llevan a ciudades remotas. Decepcionadas y abandonadas artísticamente, comienzan a representar las pocas escenas del texto inédito que, a cuentagotas, van recibiendo. Así, interpretan a las protagonistas de un melodrama: Rosa María y Mónica Lozano Dana. La primera, recién llegada de su pueblo, Coronel Vallejos, para ser empleada como mucama en la Mansión Lozano Dana.

La otra, única heredera de una estirpe millonaria y presa de su desconsuelo al saberse embarazada de su primo y amante, Juan Carlos, del cual Rosa María también se enamorará. Enfrentamientos, asesinato y venganza serán las marcas de esta epopeya de amor. Los avatares amorosos de Rosa María y Mónica se verán interrumpidos una y otra vez por las preocupaciones maternales de las actrices. Pero, aún acorraladas por un director desaparecido y un galán abandónico, siempre resurgirá el anhelo irrevocable de amar o de representar.

Ante la dificultad real de conseguir los derechos de “Boquitas pintadas” escribí “Yo siempre me soñé novela”, que convoca dos géneros conceptualmente contrapuestos: el biodrama y el melodrama. En una dialéctica entre ambos, se construyó la dramaturgia que narra la relación de actrices-director-hijos desde el primer género y la historia de amor protagonizada por Mónica y Rosa María desde el segundo, inspirado en las telenovelas argentinas de los ’80. Lo que tiene de distintivo es que la obra está elaborada a modo de una recreación del estilo de escritura de Puig en su novela: los múltiples registros discursivos”, señala Edgardo Dib sobre esta puesta.

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