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Un recorrido por la apasionada vida de esta artista chilena, compositora de grandes clásicos del cancionero latinoamericano, como “Volver a los 17” y “Gracias a la vida”.

Hija de una campesina y de un profesor de música, Violeta Parra nació en la provincia de Ñuble, en el sur de Chile, el 4 de octubre de 1917, hace un exactamente 100 años, en el seno de una familia de artistas y creadores, en la que también se destacan sus hermanos Roberto y Nicanor.

Nacida como Violeta del Carmen Parra Sandoval, tuvo una niñez difícil, debido a de varias enfermedades, creciendo con una débil constitución física. A pesar de esto, a los nueve años se inició en la guitarra y el canto y a los doce compuso sus primeras canciones.

Desde su primera juventud llevó sus canciones a los circos, bares, quintas de recreo, y pequeñas salas de barrio, en actuaciones que compartió con sus hermanos.

En 1938 se casó con el obrero ferroviario Luis Cereceda, que la acercó a las ideas de izquierda y las luchas sociales. Fruto de este matrimonio nacieron hijos Isabel y Ángel, con los que realizará gran parte de su trabajo musical.

Animada por su hermano Nicanor, futuro antipoeta, recorrió zonas rurales grabando y recopilando música folklórica, dejando de lado el repertorio que interpretaba hasta entonces. Esta investigación hizo que descubra la poesía y el canto popular de los más variados sitios chilenos convirtiéndose en una recuperadora de la cultura popular.

Separada de su primera pareja, volvió a casarse, esta vez con el carpintero Luis Arce, con quien dos hijas, Rosita Clara y Carmen Luisa, que murió a los dos años.

En 1955 realizó el más importante de sus viajes, a Varsovia, para ser parte de Festival Mundial de la Juventud. También hizo escalas en Moscú y en París. También vivió en la Argentina. 

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Una obra homenajea la vida y obra de Violeta Parra

En 1960, en un segundo viaje a la Ciudad Luz, donde vivió tres apasionantes años, cuando conoció a su verdadero amor, el suizo Gilbert Fabre, antropólogo y musicólogo. Convivió un largo tiempo con él en Ginebra, dedicándole las Corazón maldito”, “Qué he sacado con quererte” y “El gavilán, gavilán”.

En 1964 expuso una colección de tapices de su creación en el Museo del Louvre. Regresó a Chile en 1966 tras su ruptura con Gilbert Favre, quien ese año se instaló en Bolivia. Fue a verlo y resultó que se había casado. Ese hecho le produjo una depresión que nunca superaría, aunque trató de rehacerse sentimentalmente junto al músico uruguayo Alberto Zapicán.

La cultura del pueblo inspiró toda la obra de Violeta, que se dedicó a recorrer el país para recabar y difundir sus tradiciones populares, que luego plasmó en sus melodías populares, arpilleras y cerámicas, con las que incluso llegó a exponer en el parisino Museo del Louvre, convirtiéndose en la primera artista chilena en llevar su obra a ese recinto.

Su labor de difusora de la expresión del pueblo campesino la volcó en composiciones musicales como “Casamientos de negros”, “Yo canto la diferencia”, “Una chilena en París”, “Qué dirá el Santo Padre”, “Rin del angelito”, “Run run se fue pal Norte”, “Volver a los 17” y “Gracias a la vida”.

Gran parte de su obra también se conocería gracias a Los Calchakis, Víctor Jara, Mrcedes Sosa, Quilapayún, Inti Illimani, Patricio Manns, María Dolores Pradera, Miguel Bosé y Joaquín Sabina. Además de ser difundida por propios hijos, Ángel e Isabel Parra.

A los 49 años, esta cantautora, una de las más destacas del habla hispana, se suicidó en la carpa que había puesto en el este de Santiago para montar lo que ella denominó como la Universidad del Folklore.

 

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