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Hace tres décadas fallecía en confusas circunstancias este genial trompetista y cantante estadounidense, uno de los revolucionarios del jazz moderno.

Hace tres décadas, en la madrugada del 13 de mayo  de 1988, Chet Baker caída de la habitación C-20 del tercer piso del hotel Prins Hendrik, en el centro de Ámsterdam.  El cadáver era irreconocible por impacto sufrido y la policía lo condujo a un depósito junto a otros NN. Un  par de días después, su mánager lo pudo reconocer.

Nunca quedó del todo clara la versión de su muerte. Para muchos se había arrojado por la venta o tal vez había sufrido una caída accidental, quizá afectado por el consumo de drogas. También se alimentó la versión que daba cuenta de que fue arrojado por unos vendedores de drogas, a los que el músico le debía dinero.

Este final alimentó su leyenda, ya cimentada por entonces por su enorme talento como trompetista, por sus dotes de sutil cantante y hasta por su labor de eventual galán cinematográfico, que le dio el mote del “James Dean del jazz”.

Nació el 23 de diciembre de 1929 como Chesney Henry Baker Jr., en Oklahoma y luego se trasladó junto a su familia a California. Pronto recibiría un trombón como primer instrumento, pero era demasiado grande para sus 11 años y rápidamente lo cambió por la trompeta.

Dejó su hogar precozmente, incluso llegó a cometer algunos hechos delictivos de poca monta. Hizo su debut como trompetista en 1946 en la banda de la Armada mientras cumplía el servicio militar. Posteriormente volvió a alistarse, pero fue dado de baja después de contestar a las preguntas de un test psiquiátrico.

En 1952 Charlie Parker lo eligió en una audición en el Tiffany Club, continuó en el cuarteto y después la orquesta de Gerry Mulligan, posteriormente realizó sus primeras grabaciones solistas.

Chet Baker fue uno de los músicos predilectos de los ´50. En esta época, Baker colaboró con figuras de la importancia de Art Pepper y Lee Konitz, actuó como cantante y dirigió sus propios grupos junto a pianistas como Russ Freeman y Dick Twardzick.

Fue uno de los grandes exponente del estilo cool, un estilo de la “west coast jazz” de los ’50 y destacó como trompetista e incluso como cantante, dejando más un centenar de discos grabados.

La industria de Hollywood se fijó en él tanto por su talento musical como por su agradable y atractivo físico, y debutó en cine con la película “Hell´s Horizon”.

Este genial artista se volvió adicto a la heroína en los ´50 y fue tras las rejas varias veces, en Estados Unidos y en Europa. Los problemas por su adicción empeoraron en los ´60 y llegaron a conspirar contra su carrera como músico y eventual actor y galán cinematográfico, mientras que era expulsado con frecuencia de los países que visitaba.

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En 1966, sufrió una tunda feroz en San Francisco relacionada con su consumo de drogas. Como consecuencia de la golpiza, su dentadura quedó arruinada y esto le llevó a modificar su embocadura en la trompeta. A comienzos de los ’70 sus actuaciones ya fueron menos  frecuentes.

Abandonó la música durante varios años y se ganó la vida como empleado en una estación de servicio. A su regreso, largamente esperado, su sonido era aún más frágil y obsesivo que antes y su nueva entrada a escena fue 1973 con un concierto junto con Mulligan en el Carnegie Hall.

Tuvo un sinfín de amoríos, algunos escandalosos, y se casó tres veces, teniendo varios hijos, y su vida llegó al cine en “Born to be blue”, un biopic ambientado en los años 60’s, protagonizado por Ethan Hawke haciendo el papel del músico.

La propia Marilyn Monroe admiró su fina estampa, revolucionó el jazz moderno y hasta tuvo de padrino artístico a Charlie Parker. Con un centenar de grabaciones, falleció pocos días antes de cumplir 59 años, en circunstancias nunca probadas del todo.

Chet Baker,  My Funny Valentine:

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