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Por Edgardo Solano

Una mirada sobre este genial y prolífico artista rosarino y su frondosa obra, en la que transitó distintos géneros y estilos.

Con una hiperactividad profesional que ya supera la media centuria y con su intacta capacidad de prolífico compositor, Litto Nebbia arriba a sus 70 años con proyectos por doquier y con su mirada siempre puesta en lo que ocurrirá en la semana deviniera.

Un 21 de julio de 1948 llegaba a este mundo Félix Francisco Nebbia Corbacho, en Rosario, una de las ciudades más fértiles de la Argentina, de donde emergieron una incontable cantidad de talentos de toda índole.

Nieto de piamonteses y malagueños, e hijos de padres artistas y bohemios incurables, la música fluyó en el pequeño Litto desde sus primeros días. Supo lo que era subir a un escenario cuando aún estaba en la primaria a bordo de la “Embajada Artística de Félix Ocampo”, la compañía que llevaba el nombre artístico de su padre.

También por entonces, tuvo su propia audición en una de las principales radios rosarinas, donde en un riguroso falsete interpretaba los éxitos de los ’50, mientras también comenzaba a gestarse su pasión por el cine.

Mientras en su hogar se nutría de distintas músicas, el rock llegó a su vida como a los jóvenes de su generación. Tras un paso por Los Sabres, se sumó como cantante a Los Gatos Salvajes, dónde además se transformó en el principal compositor.

Este grupo un día bajo a Buenos Aires de su Rosario natal con un contrato de la Escala Musical y cuando terminó ese vínculo, se mantuvo en la gran metrópolis intentando armar otra banda, mientras se ganaba la vida como podía.

Finalmente, armó Los Gatos, con su viejo compañero Cito Flogiatta y con Kay Galifi y Oscar Moro, un par de coterráneos que se animaron a la aventura, más el aporte del músico porteño  Alfredo Toth.

En el baño de la Perla de Once, como se contó tantas veces, Tanguito le pasó la frase “Estoy muy solo y triste acá en este mundo de mierda”. De un tirón, ese aún adolescente Nebbia completo la letra y la música de “La Balsa”.

Esa canción, con cierto aire a bossa nova, vendió 200 mil ejemplares en tiempo récord, en un simple que tenía a “Ayer nomás”, de Pipo y Moris, en el Lado B.

El furor de “La Balsa”, más allá del éxito comercial, desembocó en que los jóvenes músicos de entonces comiencen a componer sus propias canciones, dejando de lado los covers y las versiones con dudosas traducciones del rock anglosajón.

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El rótulo de “Padre del Rock Argentino” para Litto es justiciero, pero no deja de ser un reconociendo incompleto. Nebbia es también un referente de la música popular argentina y en español, incluso muy por fuera del mundo del rock.

Después de la diáspora de Los Gatos, su inverso se amplió hacia otros géneros y también supo rodearse de artistas provenientes de otros palos artísticos. De esta forma, Litto comenzó a transitar el folklore, acercare al jazz y vincularse con los grandes exponentes del tango, entre otras aventuras.

Alguna prueba de esto es el trío que tuvo durante parte de los ’70 con los jazzeros  Néstor Astarita y el Negro González, emergiendo de esa fusión brillantes  discos, como “Melopea”.  También haber compartido grabaciones con Domingo Cura, uno de los grandes del folklore argentino.

En su larga carrera, fue parte de múltiples proyectos colectivos, como con Los Músicos del Centro, el Cuarteto Zupay y reciente proyecto con Los Amigos del Litoral, junto con duetos con Silvina Garre y el Negro Rada, sólo por citar algunos encuentros artísticos.

En medio de actividad, también se puso al frente de Melopea, su propio sello discográfico, que se mantiene como un bastión de la gestión independiente y que cuenta con un frondoso catálogo de músicos de variados estilos.

Como productor en Melopea, Litto grabó a grandes del tango, como el Polaco Goyeneche y  Antonio Agri, además del jazzero Walter Malosetti, al margen de sus propios trabajos y de otros artistas.

También supo volver al rock, y también al blues, en La Luz y recientemente en Rodar, junto al grupo Pez, componer música para películas y participar de proyectos de otros artistas, como instrumentista, compositor, cantante y productor.

Con más de una centena de discos, más de mil canciones compuestas y hasta un par de libros publicados (“Un mirada” y “Mi Banda Sonora”),  en su haber, y con reconocimiento de los pares de su tiempo y los músicos  de las generaciones siguientes Litto llega a los 70 años, mientras que el compositor no se detiene.

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