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Por Edgardo Solano

La genial creación de Quino llegó a la media centuria y lo que se narró en esas viñetas mantiene una vigencia imperecedera. Una mirada y un repaso por este clásico del humor gráfico y por sus personajes.

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Las injusticias, por las que Mafalda realizada sus zumbones planteos, siguen inalterables desde el primer día que se publicó esta tira creada por Quino. También los mandatos familiares y status quo que quería hacer añicos esa niña amante de Los Beatles no se quebró del todo, a pesar del paso del tiempo. Además, el desarme y la paz mundial, tema recurrente el personaje, están lejos de conseguirse.

Quino hizo correr tinta para los lectores de su tiempo, y quizá, cuando trazó sus primeras viñetas de Mafalda, no imaginó que su personaje se iba a transformar en inoxidable e iba a recorrer el mundo sin perder una gota de vigencia y reinventándose cada día

Mafalda se publicó, hace exactamente 50 años, por primera vez en la revista Primera Plana el 29 de septiembre de 1964, con formato de tira pero con el objetivo camuflado de una campaña publicitaria de la línea de electrodomésticos Mansfield, lanzada por la empresa Siam Di Tella. Luego, la tira pasaría por el diario El Mundo y por la revista Siete Días Ilustrados, hasta que el 25 de junio de 1973 la tira deja por publicarse por decisión del propio autor.

A pesar de que Mafalda sólo se publicó durante menos que una década, un tiempo mucho menor a otros clásicos del humor gráfico, el furor posterior generó que la tira se traduzca a 30 idiomas y lleve vendido en la Argentina más de 20 millones de ejemplares y una suculenta cantidad en otras latitudes.

Estas viñetas siguen siendo devoradas por jóvenes que nacieron mucho después de que la historieta deje de publicarse y Mafalda, y en menor medida los demás personajes de la tira, se convirtió en un ícono pop, por lo que su imagen está estampada en remeras, tazas, pósters y elementos de merchandising por doquier.

“No me imagino cómo sería ella hoy. La dejé de dibujar y ya está. Si Susanita se hubiera casado con Felipe y ese tipo de historias… a mí jamás se me ocurren. Soy como un carpintero al que le gusta trabajar la madera, algunos muebles le salen mejor que otros, pero a todos los quiere igual”, dijo Quino, en una entrevista reciente, sobre el posible futuro de los personajes de la tira.

Además, Joaquín Salvador Lavado Tejón, el verdadero nombre del artista mendocino, aseguró en más de una oportunidad que se comparaba con Felipe, a pesar que no tienen “los dientes de conejo” del personaje.

Mafalda fue una suerte de predecesora de Lisa Simpson, aunque quizás nunca sabremos si Matt Groennig leyó esta obra de Quino. Ambas niñas mostraban una adultez y un pensamiento crítico muy parecido y también muy distantes al de sus respectivos de sus padres y también aterraban a sus progenitores con sus cuestionamientos zumbones.

Esta cuestionadora serial, como hace medio siglo, podría hoy volver a obsesionarse con su globo terráqueo y seguir notando la diferencia en la calidad de vida entre los hemisferios y seguir llamando “amateurs” a los del cono sur, en lugar del lapidario “subdesarrollados”.

Además del globo terráqueo, adoraba al Pájaro Loco y Los Beatles, como su creador. Su kriptonita era la sopa, que funciona como símbolo del subyugamentinto de los padres a lo hijos, y tampoco fueron de su simpatía los chinos, ¿o quizá el comunismo chino?

Esa niña rebelde de los ’60 chocaba casi a diario con su madre fregona, y hasta temía tener ese mismo destino, y también con Susanita, su contramodelo, la que sólo añoraba para su futuro tener “muchos hijitos” y ser “la señora de…”, cuando la mujer comenzaba en esos años a arrebatarle el monopolio a los hombres en distintos espacios.

Mientras Mafalda clamaba por la igualdad, también lidiaba a menudo con la imagen del capitalismo inescrupuloso encarnada en Manolito, a quien además cargaba a cuestas con la brutalidad que la voz popular le otorga a los integrantes de la numerosa colectividad española en la Argentina. Además de sus distintas prioridades (Mafalda está pendiente del desarme y Manolito de obtener más ganancias), también los separaba el hecho de que al hijo de Don Manolo no le guste Los Beatles, a pesar de que los Melenudos ganaban mucho dinero, pero no tanto como Rockefeller.

Felipe en cambio, con su ingenuidad a cuestas y holgazanería a cuestas, era un soñador incansable. El mejor amigo de Mafalda , que sí amaba a Los Beatles, vivía en su mundo de las historietas de Llanero Solitario y suspira por amor plátónicos, como su joven maestra o una vecinita de Mafalda, que nunca notó la presencia de su enamorado.

Nieto de un enfervorizado seguidor de Benito Musolini, Miguelito era ligeramente egoísta aún más soñador que Felipe. Sus reflexiones eran fatales, algo surrealistas y sus quejas y su honestidad brutal eran el pan de cada día

El propio Quino confesó que un día las musas no acudieron a su auxilio y que por falta de inspiración (algo extraño en él) tuvo que embarazar a la madre de Mafalda y así llegó Guille a la tira. Nació cuando la historieta no se publicaba por el cierre del diario El Mundo, fruto del golpe de militar de Juan Carlos Onganía al gobierno del doctor Arturo Illía. Apareció ya como un bebé en la revista Siete Días Ilustrados con una pésima pronunciación y el chupete como su marca registrada.

Liberdad, que apareció al final de la tira, estaba a la izquierda de Mafalda y arremete contra el pensamiento conservador de Susanita y Manolito. Además, el nombre del personaje el toda una declaración de principios.

Sigue habiendo cuestionadoras Mafaldas y también niñas como Libertad. También soñadores como Miguelito y Felipe Pero también Susanitas y Manolitos que defienden el orden establecido.

La pintura de la familia argentina que trazó Quino hace medio siglo en Mafalda sigue inalterable y no hay que hacerle ningún retoque para que sepa actual y tampoco cambió en nada que el Citroen 2CV (o cualquier equivalente contemporáneo) es el único auto donde lo importante sigue siendo la persona.

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