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Por Edgardo Solano

En 1977 el Flaco editada este disco cercano al sonido del jazz rock y que el propio músico consideró como uno de los mejores de su carrera.

Luis Alberto Spinetta, con sólo 27 años, ya había integrado Almendra, Pescado Rabioso e Invisible y en los albores de 1977 volvía a patear el tablero en un nuevo viraje estilístico que lo acercaba al sonido del jazz, una aventura que lo alejaba una vez más de la zona de confort.

Su encuentro con el talentoso tecladista Diego Rapoport contribuyó en buena medida para que comience a coquetear con el jazz rock y otras influencias musicales que estaban en boga por entonces. El guitarrista John Mclaughlin, al que años después le dedicó el tema “Siguiendo los pasos del maestro”, también fue otra de las fuentes de alimentación para esta nueva aventura.

“Fue un encuentro muy grosso”, afirmó el Flaco en el libro “Crónicas e iluminaciones”, de Eduardo Berti sobre su cruce musical con Rapoport. Precisamente, este tecladista era un recién llegado de Europa y se había nutrido del jazz y sabía poco y nada de lo que acontecía con el rock argentino, un movimiento que ya tenía una década de vida.

Esa reunión cumbre desembocó en la grabación del disco “A 18’ del sol”, lanzado hace 40 años, al que el propio Spinetta consideró como uno de los mejores álbumes de su frondosa y rica discografía.

El nombre del álbum se debe a la intención de reflejar la distancia entre la tierra y el sol, medida en velocidad luz. Hubo un error involuntario y “sobraron” diez minutos, pero se decidió dejar de todos modos el título tal cual se lo había puesto originalmente.

Además de la dupla Spinetta-Rapoport, el álbum contó con Machi Rufino, sólido bajista que ya venía de acompañar al Flaco en Invisible, y con el baterista Óscar López, “Lopecito”, un músico experimentado y un jazzero de pura cepa en el ambiente local.

Al cuarteto estable que grabó casi la totalidad del disco, se sumó en un par de canciones Gustavo Spinetta, el hermano menor de Luis, en batería. Ambos no concluían en una grabación desde hacía cuatro años, en “Artaud”.

“El resultado fue un disco medio jazzero. Fue como sacarse la campera de cuero y ponerse los jeans”, le aseguró a la citada publicación sobre el lastre rockero que dejo de lado, más allá de no haberse puesto la camiseta del movimiento, como si fuera una cuestión estanca.

Spinetta también recordó que con este disco hasta rompió con férreos moldes anteriores. “Me olvidé de los ritmos cuadrados o del beat bien acentuado y entré en otra historia”, sentenciaba, mientras que vio y comparó posteriormente a este trabajo con “El sueño de las tortugas azules”, de Sting, donde el británico se olvidó por completo de The Police y se animó a surfear en el jazz.

Estas composiciones más ricas y de estructuras más complejas también fueron acompañadas por gran la faceta del Flaco como guitarrista, luciendo con brillantes solos y con largos fraseos en las canciones instrumentales y en los standars jazzeros que se animaba a tocar en vivo. También las líricas del músico nacido en el Bajo Belgrano mostraron una gran belleza poética, un denominador común en toda su obra, en consonancia con la riqueza instrumental y con su madurez artística.

Esta nueva aventura, denominada como “Banda Spinetta”, también contó en las presentaciones en vivo con músicos de enorme talla, como Bernardo Baraj (quizá el único saxofonista que tocó con Luis Alberto), los tecladistas Edu Zvetelman y Santiago Giacobbe y baterista Luis Cerávolo, entre otros.

A pesar de que Spnietta estuvo en las antípodas de ser un rockero cuadrado y de mostrar sus logradas fusiones con otros géneros desde los primeros días de Almendra, este proyecto no tuvo una grata recepción de la prensa de entonces y recién valorizaron el disco tiempo después.

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Para algún sector del público también tuvo una digestión lenta la irrupción jazzera del Flaco, aunque las actuaciones con este material fueron de buena concurrencia en grandes salas e incluso con esta banda se inauguró en estadio de Obras Sanitarias para albergar a la música en vivo.

Durante un par de años Spinetta esto al frente de esta aventura jazzera, al margen del paréntesis provocado por la grabación de un disco en inglés en Estados Unidos. La vuelta de Almendra a fines del 79 puso freno definitivo a la Banda Spinetta, pero el músico volvió a la carga con el sonido jazzero en la etapa de Jade, donde Rapoport volvió a sumarse.

Esquilas de este sonido reaparecieron en “Pan” y “Un mañana”, dos últimos disco, y con mayor contundencia en “Los Amigo”, el álbum póstumo del que participaron Rodolfo García y Daniel Ferrón.

Luis Alberto no exageró al afirmar que “A 18´del sol” en uno de sus mejores trabajos, que es una gema oculta entre otros enormes álbumes.

Tema por tema

Viento del azur: abre el disco esta bella canción, donde la poética letra de espacio a un par de solos.

Telgopor: tema instrumental en clave jazzera logrados solos de Spinetta y Rapoport.

Viejas mascarillas: Luis Alberto traza su poética sobre viejas civilizaciones en las isla de Haití.

A 18´del sol: cierra el lado “A” esta gran composición instrumental, que le da título al disco.

Canción para los días de la vida: “Tengo que aprender a volar entre tanta gente de pié”, canta el Flaco en único tema acústico del álbum.

Toda la vida tiene música hoy: la canción más bonita de un álbum sin desperdicio alguno.

¿Dónde está el topacio?: el Flaco se luce estirando cuerda en esta canción que se despide con un par de preguntas.

La eternidad imaginaria: cierra el álbum este tema con una letra con una sentida poética.

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